Una lectora amablemente pregunta: “¿Qué puedo hacer para encontrar mi misión, para sentirme realizada y feliz... ¿qué hacer para recuperar mi entusiasmo por hacer cosas que ni yo misma pensaba que podía lograr?” (continúa de ayer)...

Para encontrar el propósito, la mentalidad de “todo o nada” es poco útil. Aunque “se valen” los cambios radicales –giros de 180 grados donde el estilo de vida, la carrera, la residencia y todo se cambia– muchas veces precisamente esta mentalidad resulta ser un obstáculo.

El diálogo mental es algo así como:

-Quiero de una vez por todas dedicarme a la biología marina.

A lo que el diálogo interno responde:

-Pero, ¿de qué vas a vivir?, además tus amigos, tus padres, tu familia entera pensará que eres un fracasado.

-Pero necesito dar “un cambio”.

-El cambio es peligroso.

-Algún día voy a renunciar y dedicarme a la biología... algún día...
El problema con este tipo de visión es que después de dicho diálogo, hacemos poco o nada para que “algún día” llegue. ¿Por qué? Secretamente esperamos a que algo mágico ocurra, a que se nos presente en charola de plata alguna salida inesperada que nos saque de nuestro predicamento.

Una alternativa mucho más sana y realista es comenzar a dar pasos pequeños, graduales, pero constantes. Esperar a que todas las condiciones sean perfectas para finalmente “dar el salto” sería lo mismo que esperar a que de repente el día sea soleado, con 22 grados, y con el viento en calma, en un lugar en el que históricamente llueve a diario. El momento perfecto podría nunca llegar.

Lo que hay que hacer es:

1. Definir con la mayor claridad posible tu meta, con la única condición que sea algo que tú realmente quieres ser, hacer o tener.

2. Preguntarte: ¿qué paso pequeño, de “bebé”, podrías dar hacia tu meta en las próximas 24 horas? En otras palabras, hay que cuestionarse de la forma más honesta, ¿qué podrías hacer que esté a tu alcance en este momento? El tiempo de 24 horas es deliberado, porque pone un reloj frente a nosotros, en lugar de dejar abierto el proceso. La premisa es que siempre hay algo que podemos hacer para acercarnos a nuestra meta, por minúscula que sea la acción. La mentalidad japonesa del kaizen se basa precisamente en esto: cambios pequeños, pero constantes.

Después de aplicar este sencillo “método” de dos pasos, tendrás resultados muy importantes: te habrás dado la oportunidad de intentar algo hasta encontrar aquello que te llena de entusiasmo.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb