La oficial Bridy Garduño, quien ha recibido premios y reconocimientos en su trabajo, es indirectamente la causante y quedará marcada por el accidente. Su primera aparición en los medios masivos de comunicación no es, para nada, favorable a su persona. El efecto Pigmalión va a ocasionar que la impresión que se tiene de ella sea negativa, y va a tardar mucho tiempo para que esta imagen cambie, no importa lo mucho que ella se esfuerce para modificar la opinión que dejó en los demás sobre su persona o su comportamiento profesional. La primera impresión influirá sobre las respuestas instintivas de todos aquellos que no la conocían antes de este accidente. Y lo peor es que esta impresión, causada en quienes tuvieron conocimiento de la noticia, será dominante en todas las demás situaciones en las que ella participe, durante un largo tiempo, quedando etiquetada por ese evento.
Este es el efecto Pigmalión, corroborado recientemente por Bertram Gawronski y un equipo de investigación de la Universidad de Ontario Occidental, en Canadá, quienes demostraron que la primera información sobre una persona influye en la opinión que después se tendrá de ella, aunque varíe el contexto, porque las primeras impresiones son muy persistentes, dominando en cualquier otra situación en la que se presente.
Y lo peor de todo es que la opinión negativa que se formó el público contra su persona va a influir en ella para promoverle resultados negativos en su futuro comportamiento. Cuando dos o más personas tienen una falsa creencia común sobre alguien, es posible que esto pueda ser capaz de marcar el comportamiento de esa persona, por el mayor poder que tienen las creencias desfavorables sobre las favorables, que influye en cómo las personas procesan la información negativa en comparación con la positiva. Es decir, que tendemos dar más fuerza a las opiniones desfavorables que a las favorables, generando en la persona actitudes inconscientes de autocastigo, que se vuelven profecías negativas contra las cuales quienes las sufren no se pueden resistir y acarrean su propio cumplimiento: si todos creen que le debe ir mal, le irá mal, al estilo de una Ley de Murphy comprobada recientemente por un equipo de investigadores encabezados por Stephanie Madon, de la Universidad Estatal de Iowa, y publicada en Psychological Science, una revista científica de la American Psychological Society.
Así es que la oficial Bridy Garduño va a ser una víctima más del accidente vial, tal vez la más afectada por esa cadena de errores que, para colmo, ella y sus compañeros estaban tratando de evitar, con un programa cuyo objetivo es generar en los niños actitudes de cuidado y precaución en la calle.
Mención aparte debemos hacer del intendente, cuyo comportamiento altruista posiblemente evitó desgracias mayores. Es, sin duda, de esos héroes cuya hazaña se mantendrá solamente en el recuerdo de unos pocos, pero que permitió que un grupo de niños estén tranquilos ahora y que seguro les ahorró sufrimientos físicos y traumas afectivos. Es de esos hombres y mujeres que existen en nuestra sociedad y que, sin pensarlo, pueden dar mucho arriesgando hasta su vida, sin recibir el necesario reconocimiento público que su acción merece.
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