Un carpintero ya entrado en años estaba listo para retirarse. Le contó a su jefe de sus planes de dejar el negocio de la construcción para llevar una vida más placentera con su esposa y disfrutar de su familia. Él iba a extrañar su cheque mensual, pero necesitaba retirarse. Ellos superarían esta etapa de alguna manera.

El jefe sentía ver que su buen empleado dejaba la compañía y le pidió que si podría construir una sola casa más, como un favor personal. El carpintero accedió, pero se veía fácilmente que no estaba poniendo todo el corazón en su trabajo. Utilizaba materiales de inferior calidad y el trabajo era deficiente. Era una desafortunada manera de terminar su carrera.

Cuando el carpintero terminó su trabajo y el jefe fue a inspeccionar la casa, este le extendió al carpintero las llaves de la puerta principal y dijo: “esta es tu casa, es mi regalo para ti”.

Si tan sólo el carpintero supiera que estaba construyendo su propia casa. Pero, en algún momento de la vida, ¿realmente construimos para alguien más?, o será que, sin importar la circunstancia, ¿trabajamos en todo momento para nosotros mismos?

En mi trabajo como capacitador, tengo la oportunidad y la fortuna de trabajar para empresas que buscan el desarrollo humano de sus empleados. En lo personal, no me gusta el término “motivación”. No creo que exista una motivación más que la que cada persona quiere ver. Pueden existir “zanahorias”, incentivos, premios y otras recompensas, pero la motivación siempre es interna.

Cuando observo a un empleado “desmotivado” no se trata de culpar a los demás, ni de buscar chivos expiatorios o hablar mal de las circunstancias. No cabe duda que una persona motivada, que trae la “pila puesta”, independientemente de lo que está ocurriendo en la empresa, será capaz de ver oportunidades donde todos los demás perciben montañas de problemas y un desánimo inminente. Los miembros, empleados, directivos y personal de alma grande reaccionan de forma distinta ante los retos.

Al construir cualquier cosa, una casa, una familia, una empresa, la peor actitud que podemos asumir es: “no es mi problema”. La responsabilidad demuestra un enorme grado de madurez y profesionalismo, te “toque o no te toque” resolver el problema. Resulta que en todo esfuerzo va nuestra marca personal, por acción o por omisión. Como el carpintero, en todo momento estamos construyendo nuestra propia casa.
(Continúa mañana...)
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb