Por: M.C. Guillermo Garza De La Fuente
coordinador de Carreras Jurídico-Administrativas
de la Universidad La Salle Saltillo
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Recientemente, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público dio a conocer la cifra de gasto que el Gobierno federal erogó en el pasado año, en virtud del subsidio que mantiene al consumo de gasolina. Resulta pues, que el monto total destinado fue de 165,979 millones de pesos, cuando se había previsto en la Ley de Ingresos de la Federación una cifra de 34,161 millones de pesos. Es decir, el monto ejercido fue superior al presupuestado en un 385% por ciento.

Más allá de espantarnos por la escalofriante cifra que se destina para tales fines, lo que resulta de mayor preocupación, es analizar en términos comparativos la cantidad de dinero que se pudo haber dedicado a otras actividades, algo que en Economía denominamos el costo de oportunidad. ¿Qué otro uso podría habérsele dado a dicho recurso, de tal forma que diera mejores resultados? Basta con echar un vistazo al Presupuesto de Egresos de la Federación para el año fiscal 2012, para dimensionar las cifras de las que hablamos.

El subsidio a la gasolina representa dos veces todo el presupuesto asignado a la Secretaria de Desarrollo Social, incluidos todos los programas de combate a la pobreza y asistencia social. ¿Cuánto habría beneficiado ese monto, si se hubiese invertido en reducir la pobreza? Por otra parte, el presupuesto conjunto de la Secretaria de la Defensa Nacional, Secretaría de Marina, Secretaría de Seguridad Pública y Procuraduría General de la Republica, constituye apenas el 80% de todo lo que se desperdicia al subsidiar la gasolina. ¿No sería mejor que esos recursos se invirtieran en seguridad pública?

Si para nosotros, el problema de nuestro país no es la seguridad ni la pobreza, sino la educación o la falta de innovación en ciencia y tecnología, eso no es ningún problema, también podemos sacar comparaciones al respecto. Esos 169,979 millones de pesos que se utilizan en subsidiar la gasolina, equivalen al 68% de todo el monstruoso presupuesto que la SEP ejerce a placer y derrocha a diestra y siniestra.

Pero podemos seguir todavía. El 66% del presupuesto de CFE y el 39% de Pemex, representan el dañino subsidio que el Gobierno otorga a las gasolinas. ¿No le gustaría que hubiera mayor inversión en ambas paraestatales, a fin de que nos provean de un mejor servicio a menores precios?

Los aumentos mensuales que se realizan, para ir eliminando gradualmente el subsidio a la gasolina, constituyen pasos importantes para corregir esta problemática y disminuir el costo de oportunidad en el que incurrimos. Cuando nos quejamos de los “gasolinazos”, reflejamos nuestra postura como ciudadanos a no permitir un mejor uso de los recursos públicos en otras áreas prioritarias, privándonos de tener un mejor sistema educativo, menor desigualdad entre la población o mayor seguridad pública.

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