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Juan Latapí
Juan Latapí
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04 Octubre 2015 03:10:48
Cuál verdad
NO ES FÁCIL ENCONTRAR ALGUIEN que esté conforme con la situación que se vive a lo largo y ancho del país. Las molestias y el hartazgo ganan terreno, a veces con razón y otras sin ella, incomodando desde el más sencillo de los ciudadanos hasta el Presidente y su corte de corifeos.

PRÁCTICAMENTE TODOS nos preguntamos cuándo saldremos del bache y si algún día las cosas llegarán a cambiar para dar paso al progreso, el orden y la justicia, pero poco hacemos para conseguirlo.

EN CAMBIO, preferimos practicar el canibalismo voraz e insaciable que no deja títere con cabeza.

Sentenciamos, descalificamos y linchamos a todo aquella persona o suceso que no alcanzamos a entender. Tanto el “otro” como el “diferente” no tienen cabida en nuestro pequeño universo y por ello merecen ser destazados.

AÚN DESPUÉS de siglos seguimos rindiendo culto a Huitzilopochtli, el sangriento dios de la guerra, al que en vez de ofrendarle los corazones de nuestros enemigos, ahora le ofrecemos la reputación de los adversarios arrancada mediante la difamación y la calumnia. Entre más corazones se ofrenden a los dioses más cerca estaremos de poder alcanzar los 15 minutos de fama.

TAMBIÉN OFRENDAMOS selfies a través del culto de las redes sociales, en las que a mayor banalidad y egolatría, más cerca se llegar al paraíso de los miles de seguidores y “me gusta”.

EL CULTO A Quetzalcóatl ahora se ha transmutado por la adoración de la fama, el amor por el dinero y la búsqueda insaciable del poder. Pero para poder alcanzar estos falsos valores es indispensable pasar por encima de los demás, justificando todos los medios para lograrlo.

Y AY DE aquel al que le va bien, porque de inmediato le empiezan a llover descalificaciones y calumnias producto de la envidia que ocasiona. Tal parece que Carlos Monsiváis tenía razón cuando sentenció que en este país todo se vale menos triunfar.

UN CLARO ejemplo de ello lo tenemos en Monclova donde somos campeones en la práctica del canibalismo social. Un día sí y el otro también vemos en los medios de comunicación y en las redes cómo el principal detractor del Alcalde de Monclova es un miembro de su mismo partido político, su correligionario, quien con furia pretende despedazarlo; mientras tanto los otros partidos se deleitan con este espectáculo de endofagia.

LO MISMO sucede con los partidos de izquierda. El canibalismo y los ataque más virulentos que se propinan a diario provienen de los mismos partidos de izquierda. Es la práctica obsesiva del auto exterminio.

CADA QUIEN se siente amo y señor de la verdad, ciego y sordo ante otras posturas. Tal es el caso del Gobierno ante los señalamientos por la grave crisis de derechos humanos en México, que en lugar de reconocer, revisar y rectificar, se aferra a su verdad, negando y descalificando cualquier otra postura que no sea la oficial.

Y TODAVÍA hay quienes tienen el cinismo de justificar su fracaso mediante la aclaración de que una cosa son desaparecidos y otra personas sin localizar. ¿Acaso el dolor de una madre ante la ausencia de su hijo le importa la distinción legaloide de ambos términos?

BANDIDOS Y autoridades corruptas disfrutan su impunidad ante una sociedad atomizada, que poco o nada hace para exigir la impartición de justicia. Esta semana el INEGI dio a conocer los resultados de su la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) en la que muestra que de los 22.8 millones de víctimas de delitos del fuero común cometidos durante 2014, más del 90 por ciento de ellos no fueron denunciados por desconfianza en las autoridades o considerarlo una pérdida de tiempo.

NO LE falta razón a nuestro diputado local cuando manifiesta su preocupación por el desprestigio que pulula en las redes, pero de antemano sabemos que nada logrará evitar. La calumnia y el canibalismo forman parte del circo que nos mantiene distraídos y entretenidos con banalidades, atomizados para ser más fácilmente manipulados.

NOS SENTIMOS dueños de nuestra verdad -histórica o histriónica- y pretendamos ser el héroe de la película que salvará al mundo, pero se nos olvida que para que haya película, además de la estrella hay otras personas, que en conjunto, hacen posible la película.

En la vida real no sabemos trabajar en conjunto, cada quien quiere ser la estrella dueña de la verdad. Nuestra participación en las broncas no pasa de la opinión superficial y el “me gusta”, mientras nuestro espíritu de solidaridad permanece dormido; sólo sabe despertar ante las tragedias naturales -y vaya que es ejemplar y digno de admirar-, pero ante las tragedias sociales continúa adormecido.

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