Ahora resulta que el director material o intelectual del cobarde asesinato del comandante José Pedro Ojeda Cedillo, hechos ocurridos el lunes pasado en Saltillo, fue, o al menos se le señala como uno de los principales sospechosos a Rubén Alemán, actual comandante de la Policía de General Cepeda, Coah.

Al menos es el resultado de las primeras investigaciones que realiza la Fiscalía General de Coahuila, suponiéndose que se trató de un acto de venganza o represalia, porque el occiso andaba “husmeando” por órdenes de la superioridad algunas actividades de Rubén Alemán, que a partir del crimen desapareció y no se presentó a una cita que le hizo la Fiscalía.
Cierto o no, el hecho es mucho más delicado porque el tal Rubén Alemán, que tenía ya tiempo trabajando como delegado de la Policía Municipal de General Cepeda, sale a flote ahora, después de atole, que se trata de un verdadero pájaro de cuentas, pues el “jefe policiaco” estuvo varios años en el Penal “Topo Chico” de Monterrey y no precisamente de visita, sino por timar y chantajear con elevada cantidad de dinero a importante y conocido empresario de la regia y vecina ciudad.

Los ciudadanos no conciben ni dan crédito a ese tipo de situaciones en que se viene diciendo desde hace años, lo peor presumiendo, que elemento con antecedentes penales, ni yendo de manda a San Juan de los Lagos, tiene cabida en corporación alguna del país, aunque aquí en Coahuila sí se puede y esa regla y normativa es letra muerta.

Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, reza conocidísimo refrán callejero, pues bien se haría a la comunidad coahuilense con que se haga una minuciosa y exhaustiva revisión de quienes son nuestros policías, pues si se pecó en el caso de la contratación de Rubén Alemán, que hasta se le hizo jefe, bien puede repetirse la contratación en las corporaciones policiacas de otras ciudades coahuilenses, de gente “graduada” no precisamente en algunas de las Academias de Policía que hay en la entidad, sino en una penitenciaria.

Este error no perdonable, pone entredicho al hecho de que dentro de las corporaciones policiacas coahuilenses se cuenta con elementos de valía por su honestidad, trabajo y limpios antecedentes, por lo que conviene se realicen estudios para comprobar que no se ha repetido garrafal equivocación o bien, que no hay más policías activos protegidos por uno que otro jefe superior.

Es lamentable que hubo de victimarse a un propio compañero de lides policiacas para que saliera a flote que uno de los flamantes delegados de Seguridad Pública Municipal, es un pájaro de cuentas y cuya graduación, reiteramos, fue en una cárcel o penitenciaria.

Eso duele, sobre todo cuando se gasta mucho dinero por avanzar en contar con una Policía confiable y segura, pero cuando la sociedad conoce de estas situaciones irregulares, vuelve o sigue la pérdida de confianza en un sector ya de por sí muy devaluado, por la conexión de algunos con la delincuencia organizada y por otras muchas anomalías que se van cometiendo y conociendo.
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