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Dalia Reyes
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08 Noviembre 2016 04:00:00
De Bécquer a Balvin
De “poesía eres tú” a “vamos a pegarnos como los animales” han pasado ya bastantes años, bastantes poetas y no menos daños al romanticismo.

Si a muchos la música popular les causa roña, les parece inocua o simple y sencillamente la consideran cosa efímera y sin futuro, debo decirles que cometen un craso error. Lo afirmo con la autoridad que me da no sólo mi carácter de melómana universal, sino por mis varias décadas de existencia durante las cuales he reído, moqueado, suspirado o vociferando con las canciones de la radio.

Ahora que Bob Dylan es un poeta, asumimos que muchos otros compositores lo son. Siendo así, también hay muchos poetas que bien podrían haber sido compositores para cantar, con fondo musical, la historia del amor entre los seres humanos.

¿Qué es poesía? le preguntaron a Gustavo Adolfo Bécquer mientras clavaban en su pupila otra pupila azul; él entonces respondió sin ambages: “¿Y tú me lo preguntas? Poesía eres tú”. Asumo que las pupilas clavadas pasaron a estar mucho más allá de nada más mirar de lejos a este vate tan seductor.

De ahí brincamos a otro seductor –no vate, porque si acaso merece un mote es el de bato–: J Balvin. ¿Quién no caería rendida a su persona cuando con toda inspiración y conciencia hace semejante invitación?

Si vemos la escena, está en ella una chava que por alguna insondable causa necesita reggaeton y él la anima de tal manera incitándola: “Dale, sigue bailando, no pares. Acércate a mi pantalón dale, vamo a pegarnos como animales”. A la profundísima frase anterior debemos agregarle el sensual acto de comerse la letra s en vamos, y ese caldo se cocinó sin necesidad de saber si la poesía está en Balvin, la chava o el pantalón.

Leyendo con atención las canciones, cual si fueran poemas, bien conoceremos las sociedades cuyos enamoramientos se decían así: “Ojos, mirad por última vez. Brazos, dad vuestro último abrazo. Y labios, que sois puertas del aliento, sellad con un último beso.” , a los que se conquistan así: “Amanecí en la cama de un hotel, y a mi lado sólo estaba su tanga”.

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