Cuando en México se avizora una vuelta hacia atrás, esto es el retorno del PRI a la Presidencia –con el permiso del ilusionado Andrés Manuel-, en España la monarquía, al fin, hace agua como las barcazas a punto de hundirse. La llamada Casa Real no sabe ya cómo detener el escándalo de Iñaki Urdangarín, ídolo del balonmano, Duque de Palma y yerno del Rey, sobre todo después de que se publicara los estipendios de la Infanta Cristina, la hija seducida por el deportista que dejó a su novia plantada para seguir la senda de los palacetes y los honores, que suman cientos de miles de euros ante el estupor de una sociedad que comienza a preguntarse, en plena crisis ascendente, si vale la pena seguir manteniendo a los Borbones con todos sus caprichos. La prensa de la derecha dice que sí porque, en todo caso, aglutina a una España a punto de romperse; los demás, cuentan historias y exhiben la vulnerabilidad de una familia que no sabe otra cosa más que figurar en las galas.

Se estima que en, este terrible 2012 –lo será de acuerdo a todos los augurios, incluso los más sensatos-, Juan Carlos I podría abdicar a favor de su hijo Felipe, convirtiéndose así Leticia, la princesa con un pasado que todos quieren olvidar como sucede con el Valle de los Caídos ante cuya cruz monumental casi todos tuercen el rostro, para evitar una catástrofe mayor, al difundirse, con todo detalle, el mundo de infidelidades y mentiras en las que ha asado treinta y seis años el Rey, con la Reina durmiendo en la planta baja del Palacio de la Zarzuela. Quizá esta posibilidad fue la que aceleró las ambiciones de las Infantas de España, Cristina y también la mayor, Elena, divorciada hace años de un cocainómano, quienes al darse la transición en el trono pasarían a tener un papel marginal, sin tener derecho a compensaciones económicas sólo dispensadas a la familia directa del monarca –su esposa, hijos y consortes-, no a los hermanos o hermanas del mismo.

¿Cuál podría ser el destino de las Infantas –no les llaman princesas, título que sólo se da a la plebeya que casó con Felipe luego de una azarosa carrera periodística-, sin los ingresos que derivan de sus funciones oficiales al amparo de la Corona? Y, además, ninguna de ellas soporta a Leticia a quien, más de una vez, le han hecho gestos despectivos como pasar junto a ella sin mirarla o voltearles las caras en público ante el azoro del príncipe heredero. Quizá este embrollo familiar, tras la llegada de Leticia y el inicio de su descendencia –la pareja no tiene varones pero ya se estudia reformar la Constitución para posibilitar la coronación de la mayor de las niñas del matrimonio-, propició que el “yerno favorito”, acicateado por su mujer, buscara un futuro menos oscuro... pero se le pasó la mano y compró un palacio valuado en siete millones de euros sin las reformas adicionales. Y la sociedad española saltó.

Igualmente, en Inglaterra en donde la monarquía es símbolo contra la decadencia –Isabel II lleva sesenta años instalada como soberana en Buckingham-, también los escándalos circundan a la Casa Real. La terrible duquesa de York, Sarah Ferguson, quien fuera la confidente y amiga de Diana, la princesa que jamás se sometió, fue descubierta, con un video muy semejante a los utilizados en México para la degradación política de los enemigos del régimen, solicitando medio millón de libras a quien pretendía tener acceso, de primer nivel, a la familia real británica, concretamente a su ex marido, Andrés, hijo segundo de la Reina. Ella, de plano, ofreció que, de pagarse esta comisión, se encargaría de “abrir todas las puertas” a la compañía interesada. Y ahora, tras el escándalo, está en riesgo de ir a prisión por veinte años. También los derrumbes amenazan a una de las casas reales más arraigadas en Europa.

Para colmo, las historias entre Isabel y Diana, favorables siempre a la difunta que dijo haberse casado enamorada de un patán que sólo quería usarla como pantalla, nada menos el Príncipe de Gales, Carlos, a quien nadie sabe cómo es que lo siguen tolerando los súbditos británicos –a menos que, de verdad, sean tontos-, derruyen más la capa de supuesta indestructibilidad con la cual se rodea a una larga familia de célebres holgazanes, como el duque de Edimburgo, incapaz de dar un golpe por la vida, esto es sin el respaldo y los ingresos de su alta posición aristocrática.

Ante los hechos cualquiera tendría que dudar sobre el sostenimiento del esquema que igualmente se desvanece en Bélgica y en los países nórdicos porque, sencillamente, no ameritan los miembros de las casas reales gastar como multimillonarios mientras la crisis asfixia a la ciudadanía común. Ya no vale aquel infortunado improperio atribuido –acaso injustamente- a María Antonieta, la austriaca, mujer de Luis XVI: “Si no tienen pan, que coman pasteles”. En México sería tanto como alegar: Si no cuentan con el PAN, que vuelva el PRI. Al final de cuentas, es lo mismo, en medio de un desbarajuste agudo y con escasas opciones de salir adelante.

Ya lo hemos dicho: 2012 será un año sorprendente y con noticias inesperadas que pueden modificar los perfiles universales y hasta la geopolítica general. No hay tiempo ni espacio para los reyecitos ni para los mesiánicos. Preocupa la expansión del cáncer entre los gobernantes latinoamericanos porque, como ya expresó Hugo Chávez, no puede ser una simple casualidad a menos que se desconozcan las fórmulas y los planes de la CIA a través de los tiempos. ¿Qué podrá depararnos el futuro si ya uno de los candidatos, Enrique Peña, debió se tratado por el mal en la próstata a pesar de no tener la edad para ello? A veces la promiscuidad avejenta más de la cuenta. Bueno, eso expresan los puritanos a quienes este columnista hace poco caso.

Debate
El fin de las monarquías está tan cerca que me parece inaudito la resistencia de los reyes con problemas por abdicar a tiempo, antes de que los hechos los arrasen y los depositen fuera de los límites de sus respectivas naciones. Algunos de ellos, como los de España, ya conocieron el exilio y cuentan que fue especialmente dramático el de la Reina, Sofía, cuya cuna fue Grecia, porque, a diferencia de los Borbones, no vivió en palacios sino en cuartuchos infectos, en Sudáfrica, con enormes necesidades pecuniarias. Quizá por ello, en un error muy severo, optó por apoyar a sus hijos enfrentando la furia de su marido y de Felipe, el heredero. Porque, de plano, no quiere otra vez volver a los escenarios de su infancia atormentada.

El debate viene bien porque, al fin y al cabo, los mexicanos también hemos vivido bajo una aristocracia disfrazada de casta empresarial y de nuevos ricos sexenales. Ni los Fox ni los Calderón contaban con los recursos que ahora son suyos al inaugurar sus mandatos. Están más que blindados mientras el nivel adquisitivo de los mexicanos desciende estrepitosamente. También es cierto que, entre los ladrones y perversos, acaso no sean los peores. Pero no se trataba el cambio de eso sino de suprimir las antiguas prácticas vergonzosas que por poco incendian al país. Sólo la prudencia de los mexicanos, no la de sus gobernantes, pudo evitar una revuelta hace seis años o en 1988.

En México, la nobleza no requiere títulos nobiliarios sino haberes en el banco. Cuánto tienes, cuánto vales, reza el odioso refrán que ahora se extiende para marcar diferencias con la “prole” de acuerdo a las expresiones infortunadas de las niña bien y a los presuntos redentores de la “República amorosa” que antes proclamaron la guerra contra las mafias, con Carlos Salinas a la cabeza. Ahora resulta que el más protegido es Ernesto Zedillo por cuantas concesiones brindó a la derecha. Y con todo este lastre cargan el PRI y su candidato presidencial, de hecho, en medio de una batahola de intereses.

Pocas veces había sido tan evidente las similitudes entre la paulatina caída de las monarquías y la crisis, en etapa inicial, de la moderna aristocracia mexicana que mezcla a todas las “primeras familias” sin distingo de signos ni partidos; de ideologías no hablo porque no me daría a entender por los destinatarios: Ni siquiera se detienen un poco para darse un poco de congruencia. ¿Será éste el Apocalipsis anunciado para 2012?
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