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Ricardo Alemán
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10 Noviembre 2016 03:28:00
De Peña al mundo: ‘¡Se los dije…!’
La victoria electoral de Donald Trump –en la contienda presidencial de Estados Unidos–, resultó una escandalosa derrota para buena parte de los involucrados en el proceso.

Fracasaron, por ejemplo, todas las encuestas, la metodologías y la tecnología utilizadas para consultar al ciudadano sobre sus simpatías electorales.

Fracasaron los grandes medios de comunicación norteamericanos, que por décadas presumieron agudeza y puntualidad en sus métodos para informar y analizar los proceso políticos y sociales de todo el mundo. Y el fracaso fue peor, porque fue en su casa.

Fracasaron doctos y “vacas sagradas” de la ciencia política y los procesos electorales de Estados Unidos y del comportamiento del ciudadano medio norteamericano. Fracasaron en el análisis del comportamiento social y en el impacto del populismo en la cultura norteamericana.

Fracasaron casi todos los dizque observadores mexicanos de la realidad norteamericana; de la materia político-electoral del vecino norteño, de la influencia de los latinos y de los mexicanos en los procesos electorales y, sobre todo, fracasaron en su pronóstico sobre el papel de México y de los mexicanos en la elección.

Fracasaron los chabacanos intentos de “los famosos mexicanos” por influir en el proceso electoral norteamericano, en el ánimo de los electores de origen mexicano, en su influencia y en su fuerza. En realidad resultó ridículo el papel de famosos como Gael García, Salma Hayek, Diego Luna, Alejandro González Iñárritu y Vicente Fernández.

Fracasaron e hicieron el ridículo legisladores mexicanos de distintos partidos que, no sólo acudieron a observar la elección norteamericana sino que abiertamente militaron a favor de una de las partes. Eso sí, cuando una voz extranjera –sea norteamericana o de otra nación–, opina sobre México, esos mismos legisladores ponen el grito en el cielo.

Fracasaron quienes no entendieron que las redes sociales son un instrumento de comunicación entre legiones de idiotas que lo mismo sirven para la victoria de un sátrapa como Donald Trump, que para sembrar odio contra gobiernos legalmente constituidos y crucificar a quienes piensan distinto.

Fracasó el respaldo que una eventual victoria de Hillary Clinton daría a las aspiraciones presidenciales de Margarita Zavala. En ese caso, la victoria de Trump también es una victoria de Andrés Manuel López Obrador –el Trump mexicano–, quien sabedor de su identificación con el republicano, la noche del martes difundió un video en el que asegura que la victoria de Trump no debe asustar a nadie. El mensaje real es “no se asusten” por una potencial victoria de López Obrador.

Y resulta de risa loca que, ante todos los fracasos arriba citados, el único que acertó y que entendió lo que ocurriría en Estados Unidos se llame Enrique, se apellida Peña Nieto y es Presidente de los mexicanos. Sí, guste o no a las legiones de idiotas.

Como saben, Peña Nieto se jugó una carta de alto riesgo cuando el 31 de agosto decidió invitar a los candidatos Clinton y Trump y cuando en una decisión insólita, el republicano aceptó visitar México y reunirse en Los Pinos con Peña Nieto. En cambio, Hillary Clinton desdeñó al Presidente mexicano.

Resulta que Peña Nieto y el primer circulo presidencial mexicano hicieron un diagnóstico correcto sobre Trump.

Hoy, los hechos lo confirman. Sin embargo, en aquel momento Peña fue apaleado; víctima de un ataque multitudinario y despiadado, en el que le llamaron incluso “traidor a México”, “tonto” y hasta “estúpido”.

Por eso las preguntas ¿Dónde están, hoy, todos aquellos que crucificaron a Peña Nieto? ¿Qué dicen hoy todos los que “pendejearon” al Presidente? ¿Veremos a “genios” de la academia, la diplomacia, la ciencia política, periodismo o militancia partidista, ofrecer una disculpa? ¿Alguno de ellos reconocerá que se equivocó? ¿Alguien aceptará que el Presidente tuvo razón?

Aquel 31 de agosto, Peña hizo lo correcto al convocar a Trump y apostar por la diplomacia.

Hoy, una vez que Trump es Presidente electo de Estados Unidos, el mensaje de Peña Nieto, al mundo, sería: “se los dije”.

Al tiempo.

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