El aumento de impuestos y de precios y tarifas del sector público, muy por encima de los incrementos salariales anunciados, indica que el Gobierno ha optado por cargar el peso del sacrificio fiscal en los contribuyentes y en los trabajadores”.
Pues bien, se desconoce si Agustín Carstens se dio por enterado, pero lo que sí se sabe es que el (ex) crítico del sistema citado por el legislador tricolor dijo lo que dijo casi tres lustros antes (14 de abril de 1995), y que no fue otro que el actual inquilino de Los Pinos, Felipe Calderón Hinojosa, el mismo que ahora procede exactamente en sentido contrario de lo que tanto cuestionó en aquella ocasión, actitud que, por lo demás, se ha convertido en norma, y el paquetazo 2010 da puntual cuenta de ello, pero no sólo en su caso, sino en el del partido político al que dice pertenecer.
La historia es canija, y casi quince años después la señora regala una oportunidad de oro al Partido Acción Nacional para que reivindique lo que tanto defendió (cuando menos en el micrófono) luego de que el entonces presidente Ernesto Zedillo presentó su iniciativa de incrementar la tasa de IVA en un modesto 50 por ciento (de 10 a 15 por ciento), y la mayoría priísta la aprobó, con la roqueseñal de cereza en el pastel.
¿Quince años atrás qué decía y qué defendía el PAN en aquellos momentos en los que abiertamente rechazaba la propuesta zedillista de más impuestos? Va un rápido recuento, no sin antes advertir que las coincidencias entre aquellos tiempos y los actuales no son meras casualidades. Va pues:
“Acción Nacional ha rechazado invariablemente la política económica del Gobierno tanto en su modelo como en sus programas, que ya han generado una crisis recurrente que ha afectado al pueblo de México, inhiben la posibilidad de un desarrollo humano y justo, y que por el contrario ha provocado un gran costo social. Hoy existe solamente una realidad, querámosla o no, el ingreso personal de la inmensa mayoría de los mexicanos es muy bajo; el desempleo abunda; la carestía nos castiga; la micro, pequeña y mediana empresa está en quiebra o a punto de cerrar. Tenemos una mayor carga tributaria, tasas de interés altísimas, un gasto público sin ajustarse y todo esto derivado de una política errática y aún indefinida.
“La situación que hoy se pretende corregir por parte del Gobierno, se generó a partir de un proyecto económico equivocado, que más que fomentar una economía sana, floreciente y generadora de desarrollo, ha ocasionado una economía lesiva que ha puesto en grave crisis a la planta productiva nacional. El costo de la crisis ya no puede ser trasladado a la sociedad como hasta hoy, debe corresponder al Gobierno absorber la mayor parte de ella. En este modelo que nos propone el Ejecutivo no vemos el sacrificio del sector público, únicamente observamos el sacrificio del pueblo y subrayamos que entre más se empobrece el pueblo, en sentido inverso o directamente proporcional, el gobierno también se debilita. La modificación fiscal afecta con mayor rudeza, desproporción e iniquidad a las clases marginadas... es inflacionaria, disminuye el poder adquisitivo del pueblo, provoca un desorden en la regulación de precios… Hoy todos los sectores sociales sienten y viven los efectos de esta crisis hasta llevarnos a una situación de emergencia.
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