×
Vicente Bello
Vicente Bello
ver +

" Comentar Imprimir
23 Diciembre 2016 04:00:00
¿Del por qué los legisladores mexicanos no legalizan sus vacaciones?
Uno de los grandes pendientes legislativos que el Congreso mexicano tiene consigo mismo, es otorgarse formalmente de vacaciones. En ningún artículo de ninguna de las leyes que integran el derecho positivo mexicano hay un mandato en la materia. ¿Por qué?

La respuesta del por qué no legislan sobre sus propias vacaciones no es por el hecho de que los diputados y senadores quieran, a toda costa, ponerse a trabajar, sino porque no quieren ser llamados a rendición de cuentas.

Si se pusieran a legislar sobre este tema, entonces tendrían que legislar también sobre otros que tienen que ver con la naturaleza jurídica de ellos, como representantes de la nación, y con el Congreso mismo.

¿A quién sirven los diputados y senadores? Dice la Constitución General de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 51, que los diputados son representantes de la nación. De ello se infiere que los senadores también lo son, y no precisamente representantes de los estados, como ellos se autollaman por la manera como se elige un cuarto de los 128 legisladores.

El 51, es el único artículo de la Constitución que refiere qué es un legislador y a quién se debe. Pero, ¿esto es así, en el llamado México real?

Sabemos todos en México que uno es el México de las leyes y otro el México real, y ambos suelen ser muy distintos entre sí.

Un debate sobre las vacaciones legislativas, rigurosamente tendría que abordar también temas como este de a quién se debe un legislador.

En los territorios del derecho parlamentario mexicano, hay un debate añoso, recurrente en las aulas de las escuelas de Derecho, pero que no termina de aterrizar en las cámaras del Congreso.

Es el debate de si los diputados y senadores son realmente representantes de la nación, o si son representantes de sus respectivos partidos políticos, o si de sus distritos electorales… O, también, si también pueden serlo de quienes aportaron dinero para sus campañas electorales, cosa legalmente permitida, y común, en sistemas electorales como el de los Estados Unidos de América, donde no es ilegal que una multinacional o una empresa nacional tengan representados sus intereses en un legislador.

Cuando toman decisiones en el Congreso, a través de las votaciones, los diputados suelen afirmar que lo hacen pensando en que representan a la nación, pero ni ellos se la creen.

Las decisiones que ellos toman provienen de los intereses de sus partidos políticos, y dichos intereses no necesariamente son de la nación (un debate pendiente desde hace un siglo en México es sobre a qué se le llama nación, y cuál es su origen, y su visión de futuro).

O peor aún, representantes de poderes fácticos, casi siempre relacionados con los económicos, y hay quienes afirman que no sólo provienen de los poderes fácticos legales sino también de los ilegales.

Un ejemplo cercano de que los diputados y senadores a veces pareciera que también representan a criminales ha sido, al menos en lo que va de este sexenio, la infame tardanza para cuajar la ley que combate a los tratantes de personas.

El Senado, en diciembre, la aprobó después de tres años de estarla revisando y regresándosela con los diputados. Y en este mismo diciembre, la Cámara de Diputados la mandó a la congeladora, arguyendo que van a revisarla.

Y a casi cuatro años de que dicha ley ha sido aprobada y regresada con modificaciones por una de las dos Cámaras, no acaba de ser aprobada totalmente, y, por tanto, tampoco entra en vigor.

¿Quién, quiénes han evitado que los diputados aprueben esta ley que reiteradamente les ha mandado el Senado? No puede uno suponer más que una mano negra, poderosísima, mueve los hilos de la Cámara de Diputados, y es la que evita que estos legisladores, convertidos en marionetas de quién sabe quiénes, aprueben una ley necesarísima en México, un país convertido en el segundo lugar mundial de tratantes de personas.

Por este motivo, y otros, es que los diputados y senadores han estado sacando la vuelta al debate de las vacaciones.

Vacaciones tienen los trabajadores, obreros y empleados. Ellos no, por ser representantes de la nación, según el 51 constitucional. Pero en los hechos, en la realidad, sí las tienen. Y hasta se otorgan sobre sueldos.

Suelen vacacionar cada que finaliza un periodo ordinario de sesiones; pero también en Semana Santa, a mitad del segundo periodo ordinario –del 1 de febrero al 30 de abril-, y también cuando las efemérides nacionales abren días de descanso para los obreros y empleados. Los diputados y senadores se las ingenian para adelantar o retrasar sesiones ordinarias, y abrir también sus puentes vacacionales.

ESTRIBO
Otro tema en el que el Congreso mexicano debería estar inmerso, totalmente atento, y estudiando efectos y respuestas, es el de la Presidencia de Donald Trump, quien desde que triunfó en la elección presidencial de ese país, se ha dedicado a sembrar semillas de discordia e incertidumbre, y ha puesto al mundo entero en zozobra y confusión.

Ayer, Trump lanzó un mensaje por Twitter en el que plantea que Estados Unidos “debe reforzar y expandir enormemente su capacidad nuclear hasta el mundo entre en razón respecto a las armas nucleares”.

La publicación que Trump hace en Twitter ocurre en el marco de dos mensajes, uno de Rusia y otro de Corea del Norte, ambos, relacionados con la renovación de la carrera armamentística nuclear.

El Congreso mexicano debería estar analizando estos eventos declarativos, para coadyuvar al Gobierno mexicano en su política exterior a todas luces errática.

" Comentar Imprimir


COMENTARIOS


columnistas

top-add