El mismo día en el que el célebre Real Madrid, a quienes se les atoran los catalanes como a los taurinos –doble motivo para reservarme mi opinión al respecto-, hizo públicos los salarios espectaculares de sus jugadores, la Casa Real de España, recuperada en 1975 tras la larga dictadura de Franco que sesgó la existencia de don Juan de Borbón, hijo de rey y padre de rey, quien debió conformarse hasta el final con ser simplemente “el conde de Barcelona”, un título que ahora le vendría muy bien a un argentino quien deambula por allí. Vaya combinación.

Pues bien, Su Majestad, asevera ganar 140 mil 519 euros brutos al año más ciento cincuenta mil más por gastos de representación y sin considerar los salarios del personal ni el mantenimiento de viviendas y vehículos oficiales a su servicio. Sólo para él, lo que no está nada mal aún si consideramos que sus erogaciones personales son menores a las percibidas, por ejemplo, por un ministro de la Corte en México quien se embolsa, cada 12 meses, unos 4 millones 800 mil pesos que convertidos a euros nos dan, considerando la volatilidad monetaria, unos 250 mil euros al año... más que Juan Carlos I, sin considerar las prebendas extras. Nuestra democracia y la consiguiente justicia sale más cara que la monarquía parlamentaria salvo por un pequeño, pero trascendente detalle.

El dinero, el gran dinero, como en los tiempos de la Roma imperial, está en el futbol. El jugador del Madrid que menos recibe al año, y casi siempre está sentado en la banca, es el portero tercero, Adán, quien se queda con un millón de euros sin necesidad de comprarse un “cachito” de la Lotería de Navidad o la del Niño –programada para la llegada de los Reyes Magos, éstos sí exentos de auditorías y de curiosidad pública sobre sus riquezas incalculables-, mientras que el mejor pagado, Cristiano Ronaldo, portugués, se embolsa 11 millones de la misma moneda además de cuanto cobra el técnico “mejor pagado en el mundo”, José Mourihno –una derivación portuguesa de la célebre familia gallega Mouriño que estuvo a punto de habitar Los Pinos y es socia del nuevo presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, en cuanto a las acciones del Celta de Vigo.

El circo es ahora el futbol; y las jefaturas del Estado, en las naciones parlamentarias, son como un ajedrez de reyes y reinas siempre tambaleantes porque siempre pesarán sobre las monarquías el hastío popular y la decisión de no costear los altísimos costos de las monarquías, la de las testas coronadas o las simuladas, como la moderna aristocracia mexicana con ingresos muy superiores a los de todos los reyes europeos juntos. Porque, en efecto, los ocho millones de euros que en realidad cuesta la Casa Real española son menos que los ingresos del futbolista Ronaldo quien debe estar costeando la evolución política de su país, ya sin reyecitos, y todavía le sobran muchos euros para disfrutar en lo que le plazca mientras siga metiendo goles y ganando uno que otro título compensatorio ante su bestia negra, el Barsa, referente casi demoniaco para los blancos merengues del Bernabeú.

Sólo que, de vez en cuando, el Rey español se justifica. Lo hizo en el lejano 23 de febrero de 1981, casi seis años después de la muerte del gallego tirano, cuando salió en defensa de la democracia y frenó el conato de golpe de Estado, encabezado por algunos militares que no fueron debidamente sancionados –los autores del hecho salieron poco después a la calle y alguno de los supervivientes, como el coronel Antonio Tejero Molina, el Guardia Civil que sitió al Congreso de los Diputados, suele presentarse, cada 20 de noviembre, a los actos conmemorativos por la desaparición del “caudillo” en el Valle de los Caídos-, con el que pretendieron los viejos franquistas volver a tomar las riendas y rescatar del comunismo a su patria.

Y también lo hizo estas navidades cuando, en su discurso tradicional, exigió “justicia igual para todos” y condenó con ello a su yerno, el duque de Palma y ex basquetbolista, Iñaki Urdangarín, consorte de la Infanta Cristina, la menor de las hijas de los monarcas, a ser juzgado por sus múltiples actos de corrupción, sobre todo por el tráfico de influencias y la utilización de organizaciones no gubernamentales a la sombra de Cristina y sin otro destino que sus propias cuentas bancarias. Quizá se preparaba la pareja así, ante la posibilidad de que su padre abdicara a favor del príncipe de Asturias –a quien tanto exaltó en su perorata navideña-, y se quedaran automáticamente fuera de la familia real sin perder su sangre azul, desde luego, pero sí las “compensaciones” a las duras tareas de “representación”.

El hecho es que el Rey salió fortalecido de ambos trances. Hace unos días, con motivo de la Apertura de las Cortes, recibió la más larga ovación –un minuto cincuenta y ocho segundos, nada menos-, de cuantas se hayan dado en este recinto unificando a casi todos, socialistas y populares, con la excepción de los radicales vascos y otros fenómenos de la política española que se niegan a reconocer como suya... a España. La deformación no puede ser más brutal salvo porque nadie ha sido capaz de ponerle letra a la Marcha real que sirve como Himno porque los llamados “nacionalistas” saltan en susceptibilidades. Así de rota está la Iberia de nuestro tiempo. Y lo que falta por verse en este 2012 con la recesión anunciada y los indignados listos a dejar pasar las fiestas –faltaría más- antes de reiniciar su escalada de protestas ahora contra el nuevo gobierno de la derecha. Hoy mismo, quizá.


Debate


Así que en España, el Rey se atreve a perseguir a un miembro de su familia, ahora imputado, y en México, en cambio, las primeras familias de la época panista siguen siendo intocables. En el pasado, con tantas truculencias, cuando menos cayeron algunas cabezas como la Rubén Zuno Arce, cuñado de Echeverría, o Raúl Salinas de Gortari, el hermano incómodo de Carlos, entre una gruesa capa de impunidad que rodeó a los peores. Pero ahora, cuando Felipe Calderón recorre los 11 meses finales de su deficitaria administración, ni siquiera ha intentando investigar siquiera las tenebras del clan Fox, los negocios de Martita y los millonarios enjuagues de los herederos de sendas familias que se apropiaron de cuanto pudieron con el mayor descaro imaginable.

Y, claro, en la misma línea van los Calderón. Si Martita y los suyos se metieron de lleno al negocio de los autobuses –con la compra de Estrella Blanca-, los Calderón y los Zavala Gómez del Campo, siguen maniobrando, bajo el agua, para adquirir, al menor precio posible, la oficiosamente quebrada Mexicana de Aviación. De cualquier manera, la tendencia es exactamente la misma para desgracia de los mexicanos. Nada de alternancias y exequias del autoritarismo sino las mismas hechuras y los mismos métodos de los grandes prevaricadores nacionales. Así empezamos el 2012.

Quisiéramos ser optimistas... Pero basta con observar la oferta de candidatos que tenemos enfrente para dudar, razonablemente, sobre el futuro del país en una época que se antoja turbulenta más allá de las leyendas mayas y sus malos augurios. (En realidad, no lo olvidemos, los viejos sabios previeron el fin de una época o no calcularon más allá porque les parecía demasiado lejano el 2012, pero jamás hablaron del final del mundo, dicho esto para tranquilizar a muchos amables lectores que se preguntan si tiene caso votar si a mediados de diciembre se terminará todo... hasta el PRI y sus sucedáneos).

Lo que sí puede observarse, a simple vista, es que los reyes y las casas reales ya no son intocables... y el presidencialismo autoritario de la derecha sí. Algo debiéramos sacar de esta lección histórica siquiera para no seguir tropezando con la misma piedra. Pero, ¿cuál sería la salida?

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