Identificado desde su infancia con las problemáticas sociales de su tiempo, el quehacer de este ganador de los premios Pulitzer y Nobel inspiró obras del mejor cine del siglo pasado y también sin quererlo, a distintas generaciones de creadores y géneros musicales .
Causas y azares
Huérfano de padre y madre, sus tempranos reportajes sobre la vida y las penurias de los trabajadores indocumentados irían conformando la que con los años sería su obra esencial: “Las Uvas de la Ira”, libro que por su crítica a las costumbres laborales americanas llegó a ser prohibido en algunas ciudades de California.
Steinbeck llegó al cine por caminos azarosos en un país que no era el suyo.
Por esos años, en México, la productora Clasa Films había contratado al escritor venezolano Rómulo Gallegos para que adaptara su propia novela “Doña Bárbara”, en 1943. Entonces, Águila Films, su contraparte, se arriesgó a coproducir con la RKO, de Hollywood. Así, su historia sobre un humilde pescador que al encontrar una valiosa perla atrae para sí las desgracias, se convirtió en la punta de lanza para la internacionalización del cine mexicano.
Dulces nombres
Años atrás, después de haberla conocido como co protagonista de “Lo que el Viento se Llevó”, Emilio “El Indio” Fernández quedó prendado de la actriz norteamericana Olivia de Havilland. Entonces, hizo hasta lo imposible para convencer a los productores de que su musa protagonizara el drama campirano escrito por Steinbeck. Fotografiada por Gabriel Figueroa y encarnada finalmente por Pedro Armendáriz y María Elena Marqués, la película se convirtió en un rotundo éxito internacional. Para muchos, “La Perla” sigue siendo considerada uno de los mejores relatos del californiano.
Por otro lado, los planes de “El Indio” para su amor imposible nunca se cristalizaron. La actriz americana nunca supo de la fijación del polémico cineasta, mucho menos que gracias a sus tenaces gestiones ante el Ayuntamiento de la ciudad, la calle donde Fernández vivió y murió en Coyoacán fue rebautizada como “Dulce Olivia” en su honor, nombre que conserva hasta la actualidad.
Ecos
Así llegó Steinbeck al cine. Tuvo el lujo de trabajar con dos de los grandes directores norteamericanos de todos los tiempos: John Ford, que adaptó “Las Uvas de la Ira”, y Elia Kazan, que en “Al Este del Edén” erigió el mito de James Dean. Con el director de origen turco trabajaría también el guión de “Viva Zapata”, donde Marlon Brando y Anthony Quinn personificaron al malogrado caudillo del sur y su hermano Eufemio.
Steinbeck, que siempre se definió a sí mismo como “un cerdo atado a la tierra, pero aspirando a volar” fue reconocido por el Premio Nobel de Literatura en 1962. Moriría seis años después en Nueva York, dejando resonancias de su arte no sólo en las letras y el cine, sino en la música: la misma noche en que vio la película de Ford, Woody Guthrie, el legendario padre del folk americano, a quien el primer Dylan le debe demasiado, compuso una de sus mejores piezas, en homenaje al protagonista de “Las Uvas de la Ira”: “La Balada de Tom Joad”. Ese eco llegó hasta Bruce Springsteen, quien ya en la bisagra del segundo milenio compuso “El Fantasma de Tom Joad”, popularizada luego en la versión del grupo de rap metal Rage Against The Machine.
Bardo de las bardas
“De todos los animales de la creación, el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir”.
John Steinbeck
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