Westerns espirituales, dramas gastronómicos, acción retro futurista, adaptaciones del cómic y de la historia: cada uno de estos géneros fílmicos ha gestado sus imágenes en tierras coahuilenses.

El reposo del vaquero

Los que saben cuentan que la bonanza fílmica de nuestro estado tuvo que ver con la diversidad de sus paisajes, y el hecho de compartir ciertos rasgos de su territorio con su vecino Durango, preferido durante décadas para rodajes extranjeros. Ahí, en el auge de los sesentas se llegaron a hacer hasta 10 cintas al año.
Luego del renacimiento del género, a través del spaghetti western que se rodaba en los desiertos de Almería, España, las cintas de vaqueros cobraron un nuevo impulso. John Wayne fue su estrella y gran impulsor. Enamorado de nuestro país, incluso llegó a tener un rancho en las afueras de Durango.
Lo agreste de la región fue paisaje de cintas como “Un Hombre Llamado Caballo”, de 1970, “Los Invencibles” con el mismo Wayne y Rock Hudson, o “Lucha de Gigantes”, donde lo acompañó el legendario actor de origen soviético, Kirk Douglas.

Tocando las puertas del cielo

Otro apasionado del paisaje mexicano fue el cineasta texano Sam Peckinpah.

Sus películas más importantes fueron rodadas acá. “La Pandilla Salvaje”, su cinta más conocida, protagonizada por William Holden, Ernest Borgnine y Emilio “El Indio” Fernández, fue rodada entre Durango, Torreón, y mayormente en Parras, en el año de 1968. Asimismo, su trágica versión de la muerte del pistolero Billy, el niño; “Pat Garret & Billy The Kid” protagonizada por James Coburn y Katty Jurado, fue filmada entre Durango y Coahuila en el año de 1973. Algunos vecinos de Parras aún recuerdan los paseos y parrandas protagonizadas por un trío insólito: Kris Kristoferson, “El Indio” Fernández, y Bob Dylan, quien actuara y musicalizara la película, componiendo para el clímax de la misma su obra cumbre “Knockin’ on Heaven’s Door”, donde berreaba: “Mamá, pon mis armas en el suelo”.

Dragones, balas y chocolate

Muchos años después, con la muerte del género, la temática de los rodajes en nuestro estado se diversificó. Ya entrados los 90, en la ciudad de Piedras Negras se erigió la versión fílmica de “Como Agua para Chocolate”, dirigida por Alfonso Arau, todavía esposo de su autora Laura Esquivel. Por las mismas fechas, un entonces desconocido Robert Rodríguez rodaba en tierras coahuilenses, en unas pocas semanas y con sólo 7 mil dólares su ópera prima “El Mariachi”, que lo catapultaría a la fama. Luego, haría un remake de la misma: “Desperado”, con Antonio Banderas y Salma Hayek, cinta que le abriría las puertas del mainstream hollywdense.

Recientemente, el desierto atrajo producciones de diversa índole: en 2002, “Blueberry”, posmoderno western y versión fílmica del aclamado cómic europeo, estelarizado por Juliette Lewis y el francés Vincent Cassel —cónyuge de Mónica Belluci—, “Los Tres Entierros de Melquíades Estrada” con guión de Guillermo Arriaga y dirigida por Tommy Lee Jones y “No es País para Viejos”, rodada a ambos lados de la frontera por el reconocido oficio de los hermanos Joel y Ethan Cohen (basada en la novela homónima de Cormac Mc Carthy, quien se ha obsesionado con el territorio coahuilense en sus libros: baste leer “Todos los Hermosos Caballos” con su violento clímax en la cárcel de Saltillo) y más recientemente, la adaptación de la popular saga japonesa de “Dragon Ball Z”, filmada entre Durango y las Dunas de Bilbao.

Montaña, desierto y oasis, nuestro paisaje ha sido un referente constante en el imaginario cinematográfico; un entorno, una luz en el aire y una textura en el suelo: un inagotable venero de imágenes.

Bardo de las bardas

“Nuestros sueños son nuestra única vida real”.

Federico Fellin
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