En la nómina figuran también políticas (Corazón Aquino, Hillary Clinton, Indira Gandhi, Golda Meir y Angela Merkel), una ecologista (Rachel Carson, autora del libro “Primavera silenciosa”), una diseñadora de moda (Gabrielle Bonheur, “Coco Chanel”), una cocinera (Julia Child), dos cantantes (Aretha Franklin y Madonna), una empresaria (Steé Lauder), una antropóloga (Margaret Mead) y una jurista (Sandra Day O’Connor).
Lo anterior confirma que las mujeres poseen “todo el potencial de desarrollo que los hombres tienen; hay diferencias, pero son iguales”, como advierte la brasileña Dilma Rousseff, ejemplo de que también pueden ser presidentas. En México podría lograrlo Josefina Vázquez, después de que Rosario Ibarra, Cecilia Soto y Patricia Mercado lo intentaron sin éxito. “Si el PAN postula a Josefina, hasta los hombres votaríamos por ella”, me dice un amigo empresario de La Laguna que no comulga con ruedas de molino, entre sorprendido y molesto por ver a Alejandro Gurza ahora en la corte de López Obrador.
No es casual que las mujeres más poderosas del siglo 20 se hayan desarrollado en países libres, con excepción de Filipinas, saqueado por la dictadura de Ferdinand Marcos. Por lo mismo, tampoco extraña que entre las elegidas de “Time” no figuren latinoamericanas. Limitar a la mujer se revertirá siempre contra las sociedades que le asignan lugares secundarios y dejan a los hombres decidirlo todo; mal, especialmente en política. El quid consiste en incorporarlas a actividades sociales, económicas y gubernamentales sin perder de vista su papel de formadoras del hogar.
Carolina Viggiano, presidenta del DIF, declaró el 2 de enero al programa radiofónico “Libre”, que conduce Antonio Dávila, que la asistencia social tendrá un enfoque integral en el gobierno de su esposo Rubén Moreira, para que la mujer y la familia tengan vías de desarrollo y no sólo reciban ayuda temporal o en situaciones de emergencia. El obstáculo, se le planteó, es la cultura paternalista que arraigó bajo el pretexto de que el Estado tenía la solución a todos los problemas. Es decir, el Estado benefactor al que Ludwing Erhard –padre del milagro económico alemán de la posguerra– se opuso por crear dependencias “que a la postre sólo producen súbditos”, “matan la libre mentalidad del ciudadano”, enajenan y al final “paralizan la voluntad individual” y provocan “un descenso del rendimiento económico del pueblo”.
¿Cómo evitar que los programas sociales se condicionen al voto, que no obedezcan a criterios puramente clientelares? La diputada Viggiano responde que el estado reúne dos condiciones para vencer tales inercias: el grado de escolaridad y la dignidad de las personas. Si ambas fuerzas se liberan, Coahuila –con sus mujeres– habrá dado un gran salto.
.(JavaScript must be enabled to view this email address)
| Comparte ese artículo: |
|



