Abecedario
Al primero, muchos lo consideran el heredero inmediato de Hawthorne, Melville y Poe. Magistral tejedor de contundentes atmósferas del desasosiego, Ambrose Bierce sobrevivió a la muerte de todos sus hijos. Ante todo cuentista, en su primera etapa fue el precursor más evidente en la obra de Lovecraft. Debido a la enorme carga de ironía y sarcasmo de sus últimos trabajos -“Cuentos de soldados y civiles” y “El Diccionario del Diablo”- se ganó a pulso el apodo de “Bitter Bierce”: el amargo Bierce.
Disolvencia
Acosado por una decepción amorosa, la extinción de su familia y la oscura promesa de una vejez decadente, septuagenario ya, Bierce dejó Washington en octubre de 1913 dispuesto a recorrer otros campos de batalla. Dicen que en diciembre cruzó a México por El Paso. En Juárez se unió al ejército de Villa como observador, con quien llegó hasta Chihuahua, donde su rastro se disolvió.
La última noticia que se tuvo de él es una carta fechada el 26 de diciembre. Bierce tenía claro su destino: antes de largarse rumbo al sur, había escrito a sus familiares: “Adiós. Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que es una muy buena manera de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es eutanasia!”
Los oficios terrestres
El segundo, nació muchas décadas después, del otro lado del hemisferio. Descendiente de irlandeses, Rodolfo Walsh fue periodista, guionista y narrador, aunque en la última etapa de su vida se definió ante todo como militante. Justo tres años antes que Truman Capote, Walsh inauguró la narrativa de no ficción con su reportaje “Operación Masacre”, con base en el testimonio de los sobrevivientes de un fusilamiento clandestino. Pero Gabriel García Márquez, con quien fundó la Agencia de Noticias Prensa Latina, cuenta su más grande hazaña: “Una noche, por un accidente mecánico, se encontró en su oficina con un rollo de teletipo que no tenía noticias sino un mensaje muy largo en clave intrincada.
Era en realidad un despacho de tráfico comercial de la “Tropical Cable” de Guatemala. Walsh se empeñó en descifrar el mensaje con ayuda de unos manuales de criptografía recreativa. El cable estaba dirigido a Washington por el jefe de la CIA en Guatemala, y era un informe de los preparativos de un desembarco en Cuba por cuenta del gobierno norteamericano. Se revelaba el lugar donde se preparaban los reclutas: un antiguo cafetal al norte de Guatemala”.
Senderos que se
bifurcan
Rodolfo Walsh tampoco se quedó a esperar la vejez. Tres meses después de que el ejército había abatido a su hija de 26 años en la Argentina de la dictadura, se enfrentó a un grupo paramilitar que pretendía detenerlo. Se sabe que fue herido.
Su cuerpo nunca apareció. Podría decirse de él exactamente lo mismo que había escrito para su amigo Ricardo Massetti:
”Él no aparece nunca. Se ha disuelto en la selva, en la lluvia, en el tiempo. En algún lugar desconocido su cadáver empuña un fusil herrumbrado”.
Curiosamente, la mejor traducción al español que tenemos de “El Diccionario del Diablo”, de Ambrose Bierce, se la debemos a Walsh.
Mucho más al norte, en el poblado coahuilense de Sierra Mojada, hay una vieja tumba que consigna: “Testigos muy confiables suponen que aquí yacen los restos de Ambrose Gwynett Bierce (1842-1914) famoso escritor y periodista americano que por sospecha de ser espía fue fusilado y enterrado en este lugar.”
Dos padres sobrevivientes de sus hijos. Dos hombres eligiendo vivir y morir a su manera. Dos personajes disueltos inmersos en un extraño diálogo a través del tiempo y el lenguaje: un escritor perdido traduciendo a otro escritor perdido.
Bardo de las bardas
“La literatura es, entre otras cosas, un laborioso avance a través de la propia estupidez.”
Rodolfo Walsh
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