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Juan Latapí
Juan Latapí
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13 Diciembre 2015 04:10:02
Discrimina que algo deja
EL DOMINGO PASADO, ANTE LA frustración de haber sido eliminados del torneo de futbol, las Águilas acusaron a un jugador rival de agredir a un americanista de color, diciéndole “simio”. En los medios de comunicación aún se sigue comentando y no falta quien se rasgue las vestiduras por ese acto de racismo A MEDIADOS DEL PASADO MES de noviembre apareció en las redes sociales un comercial de Coca Cola en el que un grupo de jóvenes de tez blanca llegan a la comunidad Mixe de Totontepec, en Oaxaca, donde descubren un árbol de Navidad mientras intercambian refrescos por sonrisas de los mixes.

ESTE COMERCIAL CAUSÓ GRAN MOLESTIA entre la comunidad indígena considerándolo como publicidad discriminatoria que atenta contra la dignidad, cultura y salud. La firma refresquera se vio en la necesidad de retirar dicho anuncio y ofrecer una disculpa.

CUANDO VEMOS CASOS COMO ESTOS, de racismo y discriminación, suponemos que son hechos aislados, que en México son esporádicos, que esa práctica es más de los norteamericanos, como Trump, que discriminan sin recato alguno. O de los nazis y su racismo exterminador para preponderar la raza aria, o del reciente y tristemente famoso apartheid de Sudáfrica que Mandela eliminó.

SIN EMBARGO, EN MÉXICO SOMOS más racistas y discriminadores de lo que creemos. Basta ver cómo son discriminados y marginados los pueblos indígenas, a pesar del discurso oficial de que pregona que todos somos iguales, son tratados como si aún estuviéramos en la época de la Colonia.

BASTA RECORDAR LA GRABACIÓN FILTRADA de Lorenzo Córdova, presidente del INE, cuando el año pasado se burló despectivamente del líder indígena de la comunidad Chichimeca de Guanajuato, diciendo “... yo gran jefe Toro Sentado…”.

Y NO SÓLO LA COMUNIDAD indígena es blanco del racismo, sino también las comunidades con raíces africanas y asiáticas lo son.

SE ESTIMA QUE EN MÉXICO viven 450 mil afromexicanos en los estados de las costas del Sur así como los mascogos en Múzquiz. Nuestro desconocimiento de esta comunidad hace que los veamos como extranjeros sin acordarnos que Vicente Guerrero y José María Morelos eran descendientes de africanos.

A LA GENTE DE COLOR se le trata con desconfianza y desprecio. Hasta hace poco a los descendientes de los mascogos se les llamaba despóticamente “cuarterones”. Cuando vemos a un migrante de color nos provoca desconfianza. ¿Por qué no pensamos igual de los menonitas?

POR SU PARTE LA POBLACIÓN de origen asiático también ha sido víctima del racismo y de actos de verdadera crueldad. Casi nadie recuerda que en 1911, en Torreón, fueron asesinados 300 chinos y dos años después en Monterrey 400 fueron masacrados y despojados de sus pertenencias sólo por ser chinos. Aún en la década de los años 80 se impedía a los asiáticos solicitar la nacionalidad mexicana.

SEGÚN LA CONAPRED (CONSEJO NACIONAL para Prevenir la Discriminación) el 23 por ciento de nuestra población no estaría dispuesta a compartir casa con persona de otra raza, y cuatro de cada 10 personas opinan que a la gente se le trata de forma distinta según el tono de su piel.

POR EJEMPLO, HACE DOS AÑOS Aeroméxico convocó un casting para un comercial indicando que no se haría audición a las personas de piel morena, se buscaba solo gente de piel blanca con “look Polanco”.

UN CLARO INDICADOR DEL CARÁCTER racista de gran parte de la sociedad mexicana es el uso extendido de tintes rubios para el cabello, en un país donde la gran mayoría de la población es de tez morena y pelo negro, donde los güeros son más aceptados que los morenos y menos si son chaparros y gordos.

LA DISCRIMINACIÓN ESTÁ PRESENTE EN todo México y Monclova no es la excepción. Por ejemplo, aún es común escuchar que aquí no llueve porque hay muchos homosexuales. En casi todas las empresas no se contrata a quienes están tatuados, visten diferente, traen el pelo largo o portan aretes en alguna parte del cuerpo.

TAMBIÉN SE DISCRIMINA A LOS discapacitados, a los adultos mayores, a quienes hablan con algún acento diferente y a los portadores de Sida, entre otros tantos, sin mencionar nuestro tradicional machismo.

CREEMOS ERRÓNEAMENTE QUE HACER MENOS a los demás nos hace superiores pero no nos percatamos que es al contrario. La intolerancia, la burla, el escarnio, el desprecio, humillar y ofender a los demás son semillas de odio que sólo esconden miedo a quienes son diferentes.

LLAMA LA ATENCIÓN QUE QUIENES practican estas reprobables actitudes se dicen cristianos sin acordarse que esta religión predica exactamente lo contrario.

MIENTRAS NO APRENDAMOS A VER y tratar a nuestros semejantes como iguales no podremos ejercer la solidaridad tan necesaria en estos tiempos.

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