“Pues a aguantar, no queda de otra”, respondió Ebrard a una reportera que le preguntó cómo reaccionaría si las preferencias favorecían a Andrés Manuel. Ebrard aprendió del equívoco de Camacho y ese gesto puede marcar la diferencia a favor del tabasqueño en los comicios de 2012. ¿Por qué con mayor exposición mediática el Jefe de Gobierno del Distrito Federal perdió la encuesta? Porque, contrario a la precipitación de Enrique Peña, no empleó el cargo ni el presupuesto para ganar reflectores.
Además, porque López Obrador, pese a sus desplantes y rijosidad pasados, es todavía para muchos una víctima de las mafias y del sistema que impusieron a Felipe Calderón en la Presidencia de la República. Por otra parte, el “mesías tropical” (Enrique Krazue, “dixit”) tiene 11 años en campaña: casi seis como jefe de gobierno y los que van de Calderón. Ha recorrido la mayoría de los 2 mil 441 municipios del país sin rendir cuentas a nadie sobre el origen de los recursos que le permiten tal movilidad.
En actos anticipados de campaña flagrantes, el PT y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) promovieron a López Obrador como candidato, en mensajes de radio y televisión. También hay que admitir que este “cacique urbano populista”, según definición de Roger Bartara, pasó de radical a moderado. Suavizó el discurso, se arregló el peinado –sin llegar a los excesos de Enrique Peña–, dejó de insultar a las instituciones que en su anterior campaña mandó “al demonio”. En otras palabras, se civilizó. Incluso viajó a Estados Unidos y Europa.
¿Es otro López Obrador? ¡Qué va! Es el mismo, sólo, quizá, menos arrogante y más maduro. Ya no ataca a los empresarios, sólo a los corruptos. Ya no reprende a los medios por brindarle a él menos atención que al Papa, como sucedió en 2005 cuando Juan Pablo II agonizaba. Es decir, corrigió lo que en 2006 le costó la Presidencia. Subliminalmente trata de reflejarse en Lula da Silva, que después de tres intentos por ser presidente de Brasil lo consiguió sin recurrir jamás al sabotaje.
Ya que su modelo es Lula, López Obrador recurre al PT para identificarse con el sector más castigado por las crisis y los sindicatos. La diferencia es que el presidente brasileño sí era obrero y que el Partido de los Trabajadores lo fundaron asimismo políticos e intelectuales de izquierda. Juntos contribuyeron a restablecer la democracia en su país. Aquí el Partido del Trabajo lo inventaron los Salinas de Gortari y pusieron como líder a un agitador, que igual ha hecho de la política un negocio con cargo del erario, Alberto Anaya. López Obrador estará de nuevo en las papeletas “haiga sido”, también, “como haiga sido”.
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