TIRADO SOBRE EL CORREDOR DE madera de la vieja casa, mi hermano Adlay miraba pasar la vida… la gente… los perros.
APRENDÍA LOS NOMBRES DE CADA uno y de cada una.
JESÚS ROMÁN, EL COLORADO, TÍO de toda aquella caterva de los descamisados, llegaba de repente a descifrar nombres y sobrenombres.
“ESE ES DON PATO”… “ESE es Tellería”… “Esa es doña Gansa”.
Y TIRADO, SIN LEVANTAR EL renegrido cuerpo desnudo de las tablas del corredor, Adlay llamaba a todos…
“E… E… DOÑA GANSA… DOÑA Gansa”.
Y LA SEÑORA CORRESPONDÍA CON un saludo lejano, casi desmayado de su mano que hacía las veces de palanca de equilibrio para su cuerpo rematado por una pierna 12 centímetros más corta que la otra.
“DON BONI… E… PSS… PSSS… don Boni”.
Y DON BONI NO DETENÍA ese andar con brazos de medio rehilete para avanzar más pronto con sus piernas cortas, nomás levantaba las cejas para responder al saludo.
PERO AQUELLA APARICIÓN DE PELO rubio y sandalias, no tenía nombre…
-¿Y ESE TÍO… Y ESE?
-¡AH!… ESE ES MARICÓN… MARICÓN…
ENTONCES TUVO SU SALUDO…
“E… PSSS… PSSS… MALICÓN… MALICÓN”.
PERO ÉL, NI UNA MANO, ni un saludo, ni una ceja…
ECHO ATRÁS LA CABEZA, ENFILÓ la barbilla al frente y arrancó su andar de velero con viento en contra…
DE REGRESO LO MISMO…
“E… PSSS… PSSS… MALICÓN… MALICÓN”.
PERO OTRA VEZ EL GESTO digno…
YA DESESPERADO, SE LEVANTÓ A la siguiente pasada y llamó de nuevo…
“E… PSSS… PSSS… MALICÓN… MALICÓN”.
NADA…
Y VINO EL GRITO… “¡MALICÓN… Malicón… MAAAALICÓN!”
EL ÚLTIMO GRITO SE QUEDÓ en “Mali…”. porque mi santa madre que escuchó aquello, salió con la chancla y el primer impacto en la nalga desnuda… el segundo en la manita que intentaba servir de escudo…
EL DE LA CABELLERA RUBIA se detuvo, se acercó para decir que desde hacía rato el niño negrito lo estaba molestando.
-PÍDALE PERDÓN… ¡PÍDALE PERDÓN O cuando venga tu papá le digo todo y sabes lo que te espera!
NO HABÍA NECESIDAD DE TANTA violencia…
“PELDÓN… PELDÓN… SEÑOL MALICÓN”.
MI MADRE YA NO AGUANTÓ la risa y se fue tirándole chanclazos al aire, pero por si las dudas, Adlay volvió a saludar a todos, menos a “Don Malicón”.
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