A muchos de nosotros nos ha conmovido el caso Wallace; Isabel Miranda de Wallace ha sido desde el primer instante, ejemplo de tenacidad, amor y valor. Su decisión para lograr esclarecer el secuestro de Hugo Alberto su hijo, dar con quienes no solamente lo privaron de su libertad sino de la vida y lograr su captura y encarcelación es un claro, clarísimo ejemplo de que cuando se quiere se pueden hacer las cosas.

El caso Wallace constituye una vergüenza para quienes se supone deben trabajar para atender las demandas de los ciudadanos, darles seguridad, perseguir delincuentes y poner tras las rejas a quienes se atreven a lastimar no sólo a una familia, sino al país entero.

Porque la ola delictiva que se propagó en nuestro país, pudo detenerse en sus inicios si las autoridades hubieran querido poner orden a una nueva forma de operar de los delincuentes. Ya no se trataba del malviviente, del asaltante o ladrón, individuos que siempre constituyeron un riesgo para la sociedad. Era algo más delicado, más peligroso para todos.

La criminalidad se armó, decidió agredir a los ciudadanos con saña, con rudeza. Las bandas criminales han proliferado sin que haya habido un combate real por parte de las autoridades para acabar con ellas. La sospecha del ciudadano iba dirigida quienes laboran en las instituciones de seguridad porque difícilmente los delincuentes eran atrapados; cuando llegaban a ser detenidos siempre encontraron protección, por parte de autoridades, por defensores de derechos humanos dejando desprotegida a una sociedad que se ha ido hartando de ver pisoteados sus derechos.

Las corporaciones se fueron corrompiendo y aunque no todos son corruptos, al parecer han ido ganando los malos.

No, no fue el desempleo el que promovió la proliferación de bandas; fue en buena parte la contemplación de los cuerpos de seguridad la que puso en riesgo a los ciudadanos. La sociedad poco a poco fue quedando desprotegida hasta llegar a una situación intolerable como la que hoy se vive en todo el país.

¿Derechos para los delincuentes? ¿Dónde quedaron los derechos de las víctimas? ¿Qué autoridad o grupo defensor de los derechos de las personas se condolió de los ciudadanos?

Los delincuentes se convirtieron en verdugos de los ciudadanos; no hubo ni ha habido un sentimiento generoso y humano en las actividades delictivas de los delincuentes, quienes han gozado de impunidad porque han comprado protección dentro de las mismas corporaciones policiacas.

Más denigrante aún para las corporaciones de seguridad, es constatar que algunos individuos acreditados como policías, sean los que promuevan la delincuencia.

Isabel Miranda lo supo desde un principio; el operador intelectual del secuestro de Hugo, su hijo, fue un policía del estado de Morelos, César Freyre, quien agredió cobardemente al joven empresario. Con la detención de Jacobo Tagle, hoy se conocen los pormenores del secuestro que culminó con la muerte del joven Wallace. Un caso que estuvo a punto de cerrarse o de dársele carpetazo pero que la tenacidad de una madre y el gran amor a su hijo y por supuesto, el valor, hicieron posible iniciar, enfrentar, cuestionar, llegar hasta las últimas consecuencias para lograr atrapar a los asesinos de su hijo.

La valiente señora sabe perfectamente cómo se las gastan las autoridades en nuestro país y el beneficio del que gozan individuos sin escrúpulos a quienes se les protege como si realmente lo merecieran. Acertada la decisión de adelantarse a la autoridad y solicitar a quienes custodiaban a Jacobo Tagle, descubrir parte del cuerpo de este individuo y mostrar a los medios, que no había sido torturado para arrancarle una confesión.

Isabel Miranda de Wallace se ha convertido en una activista social; una mujer que ha demostrado entereza aunque su corazón se desgarre por el dolor de haber perdido a su hijo. Ha demostrado gran valor para luchar día con día por esclarecer el secuestro y homicidio de su amado hijo; valor para continuar adelante y no dejarse vencer por un sistema burocrático nefasto. Su fe sin duda permitió enfrentar la apatía de las propias autoridades, luchar contra circunstancias seguramente difíciles y casi imposibles y no desmayar en ningún momento.

¿Quién no se estremeció al conocer los espectaculares exigiendo justicia? ¿Quién no ha seguido el caso de esta mujer valiente y admirable?

Isabel merece encontrar los restos de su hijo para darle cristiana sepultura.
Sería un acto de justicia después de más de cinco años de sufrimiento; sufrimiento de una madre que nunca se dejó vencer por nada ni por nadie y que a través de su lucha demostró que el mal no podrá jamás triunfar sobre el bien.

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