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Dalia Reyes
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24 Diciembre 2016 04:00:00
Ejercicio navideño
No esperen en este texto una receta milagrosa para ejercitar los músculos en reposo de la temporada navideña; en realidad, este es un ejercicio mental.

No intento, tampoco, tocar sus espíritus para recordarles que en esta temporada lo que importa son los sentimientos y el amor que se da y se recibe. Si no lo hago es por dos razones: A mí me encantan los regalitos y, además, quiero invitarlos a un ejercicio del recuerdo.

Mi tía Juanita prepara, invariablemente, capirotada en Semana Santa. La capirotada que ella cocina debe de llevar pan de Soriana, porque, según argumenta, así lo hacía su suegra, ora mi abuela, quien le enseñó a prepararla.

Hay algo que pasa por alto mi querida Tía: Cuando mi abuela hacía capirotada no existía Soriana. Como sea, en algún momento de su historia familiar, la receta acabó teniendo ese requisito, como requisitos tienen también los tamales obligatorios que cocina para la Navidad.

Sirva lo anterior para que tomemos un minuto de reflexión y pensemos en cuánto estamos aferrados en celebrar las fiestas decembrinas como es tradición, sin embargo, si dan cuenta del pasado, sus festejos no se parecen del todo a los que hacían cuando niños.

Legitimar una tradición pasa sin que nos percatemos de ello. Las necesidades que van emergiendo año con año en nuestras vidas son las que inauguran nuevos usos y costumbres. Yo, por ejemplo, pasaré mi primera Navidad sin la presencia de Cuco –que Dios lo tenga cantando como Pedro Infante- ni de mi hermano Héctor. ¿Qué se hace entonces con la tradición?

Me gusta mucho pensar que la tradición es pasar esta Nochebuena con la enorme felicidad de saber que todavía hay quienes podemos estar juntos y demostrarnos lo que hoy –quién sabe ayer o mañana- sentimos unos por otros.

Feliz Navidad.

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