Siguen los golpes en el ánimo de la gran afición mexicana, al ver que uno más de sus grandes ídolos se nos ha ido al más allá, como en esta ocasión ha sido el fallecimiento de uno de los más valientes y más bravos peleadores mexicanos de todos los tiempos, Efrén El Alacrán Torres.

Hace sólo unos meses haciendo un verdadero esfuerzo, dejó su Guadalajara querida para estar en el reconocimiento que el CMB brindara a don Carlos Slim, como el Hombre del Año, para compartir por última vez, quién lo hubiese dicho, con todos sus amigos, compañeros y algunos “enemigos” en el ring, en tan memorable fecha. Aunque el CMB siempre estuvo cerca de nuestro querido Alacrán, me quedo en deuda con él, en un homenaje de despedida que mucho se merecía en vida, además de alguna otra promesa incumplida... Algún día nos veremos por allá para expresarle mi profunda pena. Estas son las cosas que verdaderamente duelen.

Era prácticamente un novato en el boxeo internacional, cuando todavía no ocupaba ningún puesto ejecutivo en el CMB, cuando mi maestro y amigo, el profesor Ramón G. Velázquez, me nombró por primera vez representante del CMB en el Toreo de Cuatro Caminos, para esa gran pelea entre El Alacrán Torres y Chartchai Choinoi, de Tailandia, en donde me encuentro en estos momentos; fue ni más ni menos, la pelea más brava, más disputada, más dramática que haya jamás visto en un ring, y lo sostengo, a casi 35 años de mi primera elección como presidente del Consejo Mundial de Boxeo; el valor indómito de nuestro ídolo, tras un “toma y daca” impresionante en cada round, lo llevó al extremo de exponer su salud, cuando tenía un corte en el párpado, que hubiese hecho abandonar la pelea a cualquier otro boxeador, cuando el doctor Herrera Franyuti, recibía la presión del promotor don Pablo Ochoa para que no detuviese el combate, dado que El Alacrán estaba ligeramente arriba en la puntuación de los jueces, cuando forzado por el sentido humanitario y por nosotros en el ring, finalmente detuvo el combate en el round 13, para conceder la victoria a ese enorme tailandés Chartchai Choinoi, quien así conservó el título y al observar el final de la pelea, dictaminado por ese gran réferi Arthur Mercante, el mejor que mis ojos hayan visto jamás, corrió desde su esquina para arrodillarse ante El Alacrán abrazándolo por sus rodillas.

Ya en el vestidor, como parece ser costumbre en un perdedor, acompañado sólo por su mánager, el buen amigo Casillas, El Alacrán, sentado con profunda tristeza y en silencio, se veía en el espejo el “tajonazo” que tenía en su párpado, alcanzó todavía a decirme, lo sorprendido que estaba de que no hubiese sido detenido el combate antes. Ahí se escribía otra historia en mi vida, como muchas otras antes, para actuar al ser elegido presidente, en un cambio radical a todas las reglas de boxeo de entonces, para hacer de nuestro deporte, uno más humanizado y con el único objetivo de traer mucha mayor protección a todos los boxeadores.

Con nuestro Alacrancito se va otra gran etapa de una de las épocas de oro del boxeo mexicano, después del Ratón Macías y Joe Becerra y antes de Julio César Chávez, una época bohemia, cuando no había tanta luz para crear ídolos, cuando el deporte y la dignidad eran más importantes que el dinero, que ahora se ha convertido en algo que derrumba lealtades, que crea traiciones, y amnesia sobre quienes realmente fueron los arquitectos del boxeador y quienes ahora se ven desplazados por quienes tienen más labia y dinero.

Con el adiós de ese gran ídolo mexicano, no nos queda más remedio que vernos en el espejo de nuestra vida y entender que ahora, más que nunca, debemos entregarnos a una campaña nacional masiva de frontera a frontera y de costa a costa, para sacar otros que recojan la bandera de gloria del Alacrán y de todos los otros que se nos han adelantado en el camino, para sacar con brevedad, nuevos ídolos mexicanos del boxeo que continúen llevando el nombre de México con gloria y orgullo, como es el signo de distinción del deporte que le brinda su mano amiga a todos los pobres del mundo que nacen con el talento de usar los puños, en respuesta a su corazón valiente y su mente de triunfo.

Y cambiando de tema por uno de futbol, que raros somos los mexicanos con ese doble sentido de valores y de moral; no nos cansamos de referirnos a un México que pasa sus momentos de crisis social, que insistimos en hablar del crimen y la violencia, y que quieren meternos en la cabeza que es el único México que existe, pero que cuando uno de nosotros lo hace, nos mochan la cabeza, ¿verdad Javier Aguirre?

Pero esperémonos a que vengan los triunfos mexicanos, como estoy seguro que vendrán, y entonces, don Javier, volverá a ser el ídolo que siempre ha sido. Así es la vida y así somos los mexicanos, ni modo.

Muchas gracias y hasta el próximo domingo.

Espero que estén “cliqueando” wbc.boxing; suljos.tv y suljosblog.com
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