El 30 de noviembre de 2006 recibió una llamada tempranera de uno de los más cercanos colaboradores de Calderón, para pedirle que fuera a verlo de inmediato. Saynes, sin entender mucho el motivo de esa llamada, tomó su vehículo y le pidió al chofer que lo llevara. En su oficina, el entonces Presidente electo le dijo que había decidido nombrarlo secretario de Marina y que en unos momentos más iba a hacer el anuncio. Saynes ni siquiera tuvo tiempo de pensarlo. Apenas tuvo un momento, de acuerdo con personas que conocen el episodio, para cambiarse de camisa por una que le prestó ahí mismo un funcionario de comunicación social.
Quien en menos de un año se iba a retirar, ahora quedaba integrado al gabinete de seguridad de la nueva administración, el último secretario de un paquete que se terminó de completar escasa una hora antes de anunciarse, y que asumiría su cargo ese mismo día a la medianoche. Saynes era parte del equipo más cercano del anterior secretario de Marina, Marco Antonio Peyrot, y aunque figuraba como uno de los posibles aspirantes a sucederlo, por encima de él se encontraba otro almirante,
Armando Sánchez, quien era el subsecretario, y el vicealmirante Alberto Castro, quien era jefe del Estado Mayor. La decisión sobre Saynes, aunque tomada de último momento, se asemeja al tipo de designación que hizo el ex presidente Vicente Fox con su predecesor: escogieron a una persona que estaba a punto del retiro. En todo caso, Saynes no es un oficial que se saltara a promociones anteriores a él, como había sucedido en áreas militares en anterior gobiernos, donde los presidentes en turno optaron no de entre el grupo al cual, dentro de su lógica escalafonaria le tocara, sino vulnerando las dinámicas internas de como operan las Fuerzas Armadas.
Saynes, quien nació en el puerto de Veracruz, tuvo una larga carrera que lo llevó a ocupar, entre otros cargos, la comandancia general de la Fuerza Naval en el Golfo y el Caribe, y la Fuerza Naval del Pacífico. Es decir, tuvo el mando de las flotas que protegieron las fronteras marítimas mexicanas. También, como caracteriza a los oficiales a quienes se les van viendo posibilidades de crecer, fue agregado naval en las estratégicas embajadas en Washington y Londres.
Su nombramiento, de entre los cuatro que se hicieron ese día –el de los secretarios de Defensa y Seguridad Pública, así como el procurador general-, fue el que menos bulla causó. Dentro de las Fuerzas Armadas, el ojo siempre se pone en el titular de la Defensa, y no fue diferente ese día, cuando el Presidente designó a Guillermo Galván, un general que también tenía experiencia de mando. Saynes pasó desapercibido durante un largo tiempo mientras Galván recibía todas las miradas. La coyuntura se le fue acomodando al almirante, con la decisión presidencial de iniciar la guerra contra el narcotráfico. La Marina fue incorporada a la guerra desde un principio, y como fue avanzando la lucha, la colaboración con el Gobierno de Estados Unidos se fue ensanchando y fortaleciendo. En el caso de las Fuerzas Armadas, los militares mexicanos siempre han tenido diferencias y sospechas con sus contrapartes estadounidenses, no así los marinos, que siempre han tenido una relación cercana y sin conflictos.
La guerra contra el narcotráfico fue decantando aún más la relación de la Marina con Estados Unidos, que comenzó a compartir información de inteligencia sobre el narcotráfico información que le permitió a Saynes ir aportando su cuota de resultados. Esa cooperación le permitió a la Marina descubrir los submarinos artesanales que estaban utilizando los cárteles colombianos para enviar sus drogas a México –producto de la inteligencia de la DEA y el trabajo de seguimiento marítimo del Servicio de Guardacostas-, y decomisar en Manzanillo –bajo alerta de la DEA- alrededor de 20 toneladas de pseudoefedrina procedente de China que tenía como destinatario al empresario Zhenli Ye Gon, y cuya investigación permitió tener evidencia sólida que la oficina del entonces procurador general, Eduardo Medina Mora, había sido infiltrada por los cárteles mexicanos.
Pero la coronación de ese trabajo se dio en diciembre, cuando después de que un comando de élite de la Marina fue entrenado por los cuerpos especiales navales en Estados Unidos, fue enviado a México con la petición al Presidente de que fueran ellos quienes realizaran la operación en contra de Arturo Beltrán Leyva. La DEA proporcionó la información de en dónde se encontraba en Cuernavaca, y un comando de élite fue a cazarlo. En una operación en Cuernavaca, el entonces jefe del cártel que llevaba el nombre de su familia, cayó abatido.
Ningún miembro del gabinete de seguridad ha sido tan reconocido en las últimas semanas como Saynes. Su institucionalidad en la guerra contra las drogas al acatar sin objeciones las decisiones de Calderón en contra de los cárteles de la droga, le está dando resultados al secretario de la Marina, quien hoy en día es el único que ha puesto bálsamo sobre las heridas presidenciales por las cosas, que en esa guerra contra el narco, no le han salido.
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