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Juan Latapí
Juan Latapí
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24 Abril 2016 03:10:17
El arte de gobernar ha muerto
EL ARTE DE GOBERNAR HA muerto. Lo que alguna vez pudo haber sido el buen gobierno ha sido apabullado por la terca realidad.

LA INJUSTICIA, LA corrupción, la impunidad y la crisis de credibilidad avanzan devorando a las instituciones a pesar de los pretextos y justificaciones que pretenden ocultar la incapacidad e improvisación de la clase gobernante.

Y NO SOLO NUESTROS gobernantes, funcionarios y políticos están más preocupados por su futuro particular que en procurar el buen gobierno, también cargan vela en este entierro los encargados de administrar la justicia y aplicar la Ley.

YA NO ES EXTRAÑO ver cuando aplican la justicia pesa más la dádiva que la misericordia. Y cuándo llegan a juzgar algún enemigo político, los esquemas legales son utilizados para represalias políticas, sin recordar que cada que un magistrado actúa, su prestigio está en juego.

LO MISMO SUCEDE CON muchos notarios. Y ni que decir de la fabricación de culpables.

NO BASTAN LOS bonitos discursos contra la corrupción mientras diputados y senadores bloquean y satanizan el proyecto de la Ley 3 de 3, tachándolo de cacería de brujas.

CON ESA ACTITUD SÓLO confirman que no se dan cuenta que no se dan cuenta, que les vale el hartazgo popular. Encerrados en su torre de marfil no se conocen ni a sí mismos.

QUIEN DOMINA EL arte de gobernar empieza por conocerse a sí mismo que es el más difícil conocimiento que podamos imaginarnos.

SE PUEDE SER SOBERBIO, MODESTO, violento, tranquilo, bondadoso, implacable, pero lo que realmente importa es saberlo previamente para que cuando llegue el momento de acción saber mantener a raya a nuestra naturaleza humana.

QUIEN PRETENDA crecer más allá de sus posibilidades corre el riesgo de fracasar estrepitosamente: la rana no puede llegar a tener las dimensiones del buey sin lastimar su cuerpo.

PARA COLMO TAMPOCO nos sorprenden los continuos escándalos familiares de la clase gobernante.

AHÍ SIGUEN LAS PORTADAS y reportajes de la revista Hola dedicadas a la primera dama y su prole, con desbordante frivolidad; cabe preguntarse si la corresponsabilidad moral marido-esposa puede ser tan culpable por las acciones compartidas o motivadas en el otro.

VEMOS A LOS HIJOS DE los mandatarios -desde los Bribiesca Sahagún, el Gerber, hasta los Porkys, entre otros muchos- que muestran la ausencia de valores y virtudes familiares producto de su medio, del que es responsable el jefe de familia que ejercer el poder menos en su casa.

Y NO SÓLO EN LAS ALTAS esferas se cuecen habas. Aquí en Monclova la telenovela del regidor y la síndica todos los días nos ofrece un desagradable capítulo más, lo que hace preguntarnos en manos de quiénes estamos y si la autoridad no puede meterlos en cintura cómo piensa mantener en orden todo un Estado.

TAMPOCO NOS SORPRENDE ver familias de hasta tercera generación relacionadas con el poder que creen que tan solo por heredar un apellido o una posición los hace superiores, con pasaporte a la impunidad, como verdaderos mirreyes.

NADIE LES HA DICHO QUE la virtud se conquista por méritos propios, no se recibe por herencia.

POR EL CONTRARIO, LOS POLÍTICOS arribistas niegan y pretenden ocultar su origen humilde en vez de enorgullecerse de él, logrando solo hacer el ridículo y humillando a sus parientes humildes.

Nadie les ha dicho que quienes se avergüenzan de sus padres se niegan a sí mismos.

VEMOS TAMBIÉN EN gobernantes y magistrados su mal gusto por vestir y dudosa higiene, con gestos machistas tales como traer desabrochada la camisa.

POR SU FORMA DE comer y beber, aunque vayan al gimnasio y troten, su silueta los delata golosos. Tampoco han escuchado que demasiado vino no guarda secreto ni cumple palabra.

ES DE TODOS SABIDO EL abuso del alcohol de ex presidentes, ex gobernadores y de actuales alcaldes a los que se les atraviesan los postes a pesar del silencio de algunos medios de comunicación.

TODO ESTO NOS HA LLEVADO al hartazgo y a que cada vez les creamos menos a las autoridades.

EL FRACASO DE LA ausencia del buen gobierno también es de quienes dicen capacitar a nuestros gobernantes -universidades, institutos, motivadores- que no han sabido generar la chispa que prenda para contar con políticos capacitados y apasionados en el verdadero arte de gobernar.

UN BUEN PRINCIPIO para recuperar el buen gobierno y contar con expertos en el arte de gobernar sería que la clase gobernante leyeran Don Quijote, en especial el capítulo 42 de la segunda parte, donde Sancho recibe consejos para gobernar con sabiduría la ínsula Barataria. Con tan solo seguir esos consejos sería un buen comienzo.

POR CIERTO ANTIER SE conmemoraron los cuatro siglos del fallecimiento del autor del Quijote y de nueva cuenta la apatía de las autoridades e instituciones encargadas de promover la cultura -y sobre todo la lectura- les volvió a pasar de noche, una vez más.

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