En sus muchas entrevistas, mismas que se multiplicaron exponencialmente luego del Nobel, el autor aprovechó para demarcar su visión del mundo, y aunque muchas veces resbaló en apreciaciones sesgadas o cuando no ingenuas, fue lúcido al definir su visión de la borrosa frontera entre la literatura y el compromiso:
“Hay que reconocer que la literatura no transforma socialmente el mundo, que el mundo es el que va transformando, y no sólo socialmente, a la literatura. Es ingenuo incluir la literatura entre los agentes de transformación social. Reconozcamos que las obras de los grandes creadores del pasado no parecen haber originado, en sentido pleno, ninguna transformación social efectiva, aun teniendo una fuerte influencia en comportamientos individuales y de generación. La humanidad sería hoy exactamente lo mismo que es aunque Goethe no hubiera nacido. La literatura es irresponsable, porque no se le puede imputar ni el bien ni el mal de la humanidad.”
Más guapa que cualquiera
Aunque alguna vez definió a la ética como “la mujer más guapa del universo”, en sus últimas épocas el portugués fue del idealismo al realismo: “La literatura no es un compromiso. Nunca. El compromiso, si existe, será el de esa persona que es el escritor. La literatura no puede ser instrumentalizada. No se puede decir que sirva para esto o aquello. Empezar a leer fue para mí como entrar en un bosque por primera vez y encontrarme de pronto con todos los árboles, todas las flores, todos los pájaros. Cuando haces eso, lo que te deslumbra es el conjunto. No dices: me gusta este árbol más que los demás. Cada libro en que yo entraba lo tomaba como algo único.”
Casi un objeto
A diferencia de gigantes de la literatura que sucumbieron a miopía de sus preferencias políticas, Saramago tuvo tiempo de virar de la efervescencia socialista al humanismo de lo concreto. Lejos, muy lejos de Pablo Neruda y sus odas a al genocida Stalin, o la vergonzante defensa de Jean Paul Sastre, quien renunciaba al Nobel de literatura argumentando que ésta no evitaba la muerte por hambre de niños en el mundo, mientras al mismo tiempo defendía el sangriento régimen de Pol Pot en Camboya –responsable de la muerte de mas de 2 millones de personas. O al inefable Borges, elevando a la estatura de héroe al general golpista mexicano Bernardo Reyes, padre de su amigo Alfonso, apoyando entusiastamente a los chacales de la dictadura argentina o recibiendo de Pinochet la Gran Cruz de la Orden del Mérito. Será que Saramago empezó a publicar muy tarde. Y empezó a desdecirse, es decir a redimirse, a tiempo.
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