En las últimas semanas, el diputado priísta Felipe Enríquez se ha promovido para ser candidato a la alcaldía regiomontana, esgrimiendo su compadrazgo con Enrique Peña Nieto. Ostentándose como la avanzada del grupo que va a gobernar México a partir de diciembre.

No hay duda de su relación de compadrazgo. Pero no se ve por parte alguna que el candidato presidencial priísta lo esté cubriendo con su manto. Y el grupo mexiquense que rodea a Peña, no le permite acercarse siquiera a los escenarios.

Por lo demás su carrera política y su enriquecimiento de fábula no son la mejor recomendación para un cargo tan importante como dirigir los destinos de una ciudad azotada por el crimen, el envilecimiento y la corrupción.

Por el contrario, ante la autopromoción del diputado, se antoja preguntarle a Peña Nieto y al PRI si éste es el nuevo estilo de hacer política. Si éste es el perfil de los funcionarios que van a volver.

No es primermundista la legión de aspirantes a la alcaldía de ninguno de los dos partidos. Hay mediocres e improvisados entre ellos.

Pero quítele a Enríquez la camiseta de compadre y se ve poca cosa frente a algunos de los que buscan esa misma candidatura.

Su vasta fortuna, amasada desde la comodidad del erario, sus habilidades como operador electoral, le sirven para mercadearse en el escenario priísta nacional.
Pero Monterrey necesita otras virtudes en su alcalde.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb