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Vicente Bello
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15 Diciembre 2016 04:00:00
El debate en el Senado por la ley coja de la mariguana
El Senado aprobó el martes la regulación del consumo de la mariguana, únicamente para su uso médico, y dejó pasar de largo –juraron los opositores– la oportunidad histórica de quitar el negocio a los narcotraficantes mediante la legalización de su consumo lúdico, y de parar esta maldita guerra contra el crimen organizado, cuyo saldo en diez años ya arroja un millón de muertos, más de 100 mil desaparecidos y amplias zonas del país bajo gobiernos criminales.

Varios legisladores argumentaron que la despenalización total –médica y lúdica– ya sucedió en Uruguay, como está a punto de suceder en todo Canadá, como ya sucede en algunos estados de la Unión Americana (Massachussets, Nevada y California).

Festinaban los priístas el dictamen, pero la oposición los atajaba: “Este dictamen mediocre es una simulación”, porque para su uso médico ya está autorizada desde hace muchos años en muchos países, entre estos Austria, Canadá, República Checa, Dinamarca, Israel, Rumania, Uruguay. Y otros tantos avanzan despenalizando el cultivo, posesión y consumo de la yerba en pequeñas cantidades: Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Chile, Colombia, Corea del Norte, Costa Rica, República Dominicana, Eslovenia, España, Estados Unidos (en algunos estados), Estonia, Holanda, Irlanda, Inglaterra, Letonia, Noruega, Suiza, Uruguay, Portugal, Rusia y Venezuela.

“¿Qué nos faltó?”, preguntó en la tribuna Miguel Barbosa Huerta, diputado del PRD. “¿Por qué fue imposible construir un dictamen más amplio, que expresara el contenido real del debate que se generó en torno al uso médico y lúdico de la mariguana?, ¿por qué nos quedamos tan cortos?”
Cinco comisiones ordinarias se habían trenzado para dictaminar esto que fue algo así como un Parto de los Montes. Del dictamen de reforma de la ley General de Salud y del Código Penal Federal apenas si barbotó un ratón.

El PRI, apéndice legislativo de Enrique Peña Nieto, justificaba en voz de Cristina Díaz Salazar con el caso de Graciela Elizalde, la “niña Grace”. La niña que necesitaba de mariguana para calmar la epilepsia que nadie le detenía.

Cristina Díaz, fiel a la usanza priísta, se fue por el camino de la abyección, y tildó a Peña Nieto de “hombre sensible a partir de conocer datos y experiencias personales”…

Pero sólo era eso: un gesto lacrimoso que en vez de convencer encabronaba a la oposición.

Gabriela Cuevas Barrón, senadora del PAN, decía: “En lugar de tener una industria productiva que pueda sacar a personas de la delincuencia y de la pobreza, nosotros hemos decidido apostar por únicamente una mínima regulación que no se ajusta ni siquiera a las demandas de mercado básicas, a la realidad de nuestra región de Norteamérica”.

O lo que decía Layda Sansores, del PT: “Esto termina siendo un negocio para las farmacéuticas” (porque se permitirá importarla, no producirla; 500 dólares el frasco)”.

Entonces Layda agregó: “Pero hay que ver que en realidad Peña nunca tuvo interés de entrarle al tema, esta iniciativa es hija del oportunismo. Si ustedes se acuerdan en ese entonces, él debía presentarse a la Asamblea General de la ONU, donde se iba a discutir la política sobre control mundial de las drogas, y él dudaba si debía ir.

“Entonces se puso a deshojar los siete picos de su flor de mariguana, que voy, que no voy, que voy, que no voy.  Pero como en ese entonces le llovía peor que en el diluvio, y ante el tsunami de los Panama Papers, que está muy ligado, decidió sacar su cajita china e improvisó una propuesta que incluía el uso medicinal de la cannabis, aumentó el gramaje en onzas, no en gramos.

“Y su preocupación no eran los enfermos que urgían al Gobierno a legalizar el uso medicinal, sino para que se olvidaran de los 100 millones de dólares que había depositado en efectivo en contubernio con su contlapache, el señor de las Higas; Higa de la casa blanca; Higa de Malinalco; Higa de Puebla; Higas de la guayaba”…

Nadie como Layda para sacudir a la Presidencia… y al PRI. Continuó: “Hoy Peña y este Senado desaprovechan una oportunidad que pocas veces se tiene, arrebatarle un negocio al narco”.

Más de seis legisladores citaron la resolución de la Corte, del 15 de noviembre de 2015, cuando, en decisión inédita, “autorizó a cuatro quejosos el uso lúdico del estupefaciente, permitiéndoles sembrar, cultivar, cosechar, preparar, poseer y transportar la sustancia; ese era el momento para que incluyera una política gubernamental integral, una regulación responsable de una realidad que ya existe, respecto al uso de la mariguana”.

Otro gran argumentador fue Armando Ríos Piter. “No se le deben quitar méritos a este dictamen en tanto, pues es un avance pequeñito, sin duda, pero es un avance respecto al uso médico, terapéutico y científico que le va a traer beneficios a muchos miles de pacientes que hoy tendrán acceso a un conjunto de medicamentos y productos para enfermedades terribles, dolorosas”.

Pero, entonces dijo Ríos, “creo que eso es vernos la cara a todos”. Y rememoró la fecha: 11 de diciembre de 2006, cuando Felipe Calderón Hinojosa, declaró la guerra al narco. Y comenzó, y no se puede parar, una cadena de historias ligadas a las desapariciones, fosas clandestinas, ejecuciones espantosas…

Y fue Ríos, guerrerense, quien dijo que su estado produce la mitad de la amapola en el país, y adonde Iguala y Chilapa están bajo condición de crisis humanitaria grave. Con su 50 por ciento, dijo Ríos, Guerrero compite con Afganistán en producción de goma de opio. ¿Y en todo esto, nada se va a hacer?, preguntaba el senador.

La turnaron a la Cámara de Diputados. Veremos.

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