De acuerdo con Wikipedia, la indefensión aprendida o adquirida (learned helplessness) es una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil. Como resultado, la persona permanece pasiva frente a una situación dolorosa o dañina, incluso cuando dispone de la posibilidad real de cambiar estas circunstancias.

La indefensión aprendida fue postulada por el psicólogo Martin Seligman. Seligman exponía a dos perros, encerrados en grandes jaulas, a descargas eléctricas ocasionales. Uno de los animales tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga, mientras el otro animal no tenía medios para hacerlo. El tiempo de la descarga era igual para ambos, ya que la recibían en el mismo momento, y cuando el primer perro cortaba la electricidad, el otro también dejaba de recibirla.

En cualquier caso, el efecto psicológico en ambos animales era muy distinto; mientras el primero mostraba un comportamiento y un ánimo normal, el otro permanecía quieto, lastimoso y asustado, con lo que la importancia de la sensación de control en el estado de ánimo parecía demostrada. Incluso cuando la situación cambiaba para el segundo animal, y ya sí podía controlar las descargas, era incapaz de darse cuenta y seguía recibiendo descargas sin intentar nada para evitarlo.

La teoría de la indefensión aprendida ha sido utilizada para explicar el mecanismo de la depresión. Cuando estamos deprimidos percibimos que nuestra situación vital es dolorosa, y no distinguimos ninguna solución ni ninguna posible vía de escape a nuestro alcance; nos sentimos mal y no podemos hacer nada para cambiarlo. El razonamiento se nubla y aún las opciones que de otra forma veríamos como viables ya no parecen ser siquiera opciones.

Sin embargo, no todos los canes con los que Seligman experimentó se volvieron “depresivos”. De los 150 animales en los experimentos (en los 60), una tercera parte no exhibieron dicho comportamiento, sino que encontraron la manera de salir de ese comportamiento a pesar de su experiencia previa.

La característica correspondiente en seres humanos tiene una correlación directa con el optimismo, con un estilo que aprecia la situación como no-personal o permanente.

Dicho de otra forma, un porcentaje de los perros exhiben la capacidad de superar una situación de estrés y presión psicológica.

Si una persona ha fallado en el pasado en algún objetivo, profesión o actividad puede llegar a la conclusión errónea de que no tendrá éxito en el futuro, exhibiendo algunas de las características descritas por Seligman.

Los experimentos de Seligman están ligados directamente con la noción de control que tenemos sobre nuestras vidas, ayudando a contrarrestar los sentimientos de ansiedad e impotencia.

En la medida en que pensamos que las cosas están fuera de nuestro control, el sentido de responsabilidad y sobre todo de noción de influencia sobre nuestras vidas y el entorno disminuye.

Si tú piensas que no tienes poder para marcar una diferencia, dejas de intentar, y entonces es fácil dejarse llevar por la corriente, en un estado de indefensión y de sumisión.

Para recobrar o reforzar el sentido de influencia y de poder personal, hay que empezar con lo que está al alcance, para ir reforzando la autoestima, poco a poco, con pasitos de bebé, para luego caminar, luego correr y –¿por qué no?– hasta volar.