El presidente del PRI Humberto Moreira abrió un resquicio para separarse del cargo, por primera vez desde que la deuda de Coahuila y la presunta falsificación de documentos para contratar pasivos ingresaron a la agenda nacional con gran estruendo. Lo haría en tres momentos, de los cuales el primero es automático: 1) en marzo de 2015, cuando concluya el período estatutario, 2) una vez que se resuelva la candidatura presidencial, “para tomarse un descanso”, y 3) si quien resulte electo, Enrique Peña o Manlio Fabio Beltrones, decide cambiar la cúpula del CEN.

En la tradición priísta, cuando el dedo presidencial apuntaba al elegido, el líder del partido se convertía en figura de reparto. El candidato nombraba coordinador y era él quien organizaba la campaña. Solo que Moreira llegó con el visto bueno de Enrique Peña, quien, se supone, será el ungido. Sin embargo, su posición se ha vuelto insostenible. Pero tal como el gobernador de Coahuila con licencia planteó su retiro de la sede de Insurgentes y Violeta, estrictamente no renunciaría. Habría un relevo. ¿Quién tomaría la estafeta? Ya se barajan nombres. Miguel Osorio, ex gobernador de Hidalgo, es uno. Otro, Emilio Gamboa, líder de la CNOP, y acaso un tercero aún oculto.

¿Qué pasará entonces con Moreira? No se le puede abandonar a su suerte ni postularlo para una diputación federal o para el Senado por el principio de mayoría relativa. En tal caso debería ser por Coahuila, pero el escándalo de la deuda y su relación fraternal con el gobernador electo Rubén Moreira, tendrían un previsible costo en las urnas. Sería, entonces, por la vía plurinominal. En tal situación, la Cámara alta resulta más atractiva aunque Humberto Moreira no es de los políticos que cubren rutas completas, según se vio en Educación, en la alcaldía de Saltillo, en el Gobierno del Estado y pronto se verá en el PRI.

La presión contra el presidente del partido fundado por Calles ha escalado en los medios de comunicación, entre líderes de opinión, en el Congreso y en otros espacios de poder. Irónicamente, quien capitaliza el desgaste del coahuilense es Ernesto Cordero, futuro candidato del PAN a la Presidencia. Las encuestas favorecen a Josefina Vázquez, a quien los priistas quisieran ver en las boletas, pero el ex secretario de Hacienda tendrá al final el voto mayoritario del panismo, con los costos de llevar la etiqueta de Los Pinos. Cordero es la extensión de Juan Camilo Mouriño, quien, de no haber muerto hoy justo hace cuatro años, en un accidente de aviación, la candidatura panista ya se habría resuelto.

Cordero, quien empieza a mejorar en las encuestas, es uno de los principales críticos del presidente del PRI, cuyos días para que deje de serlo ya empezó a contar. El también ex titular de Desarrollo Social posee información y contactos para presionar, lo mismo que Moreira recursos y argumentos para replicar. Sin embargo, no está en su mejor momento. Ambos coinciden en Morelia, con motivo de las elecciones del 13 de noviembre para gobernador. Los favoritos son el priista Fausto Vallejo y Luisa María Calderón, hermana del presidente. El primero empezó arriba en la intención del voto, pero en las últimas semanas su estrella empezó a declinar.

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