En el Capitolio del 28 de septiembre (“Sincretismo político”), sobre el equipo de gobierno que Rubén Moreira empezaba a prefigurar, puede leerse: “Los nombramientos (...) denotan, antes que otra cosa, reflexión. Los cargos de jerarquía responden a una serie de consideraciones presentes y futuras, pero sobre todo a un contexto político y social. (...) es necesario transmitirle a la sociedad confianza con un gabinete que mezcla política, técnica y sociedad civil. El denominador común es la pluralidad y la experiencia”.

“(Moreira) llamó no a los más amigos, sino a los que el servicio público, en la mayoría de los casos, ha calificado positivamente hasta el momento. (...) La forma más inteligente de romper cercos regionales, enfrentar presiones y conjurar disidencias consiste justamente en llamar a los mejores para que demuestren que lo son en el ejercicio de su responsabilidad, no en columnas políticas. (...) En México es común que favores u otro tipo de servicios se paguen con posiciones clave (...). Por lo hasta hoy visto, Moreira no cayó en esa tentación irresponsable”.

Coahuila inició el 1 de diciembre una nueva etapa. La administración 2011-2017 no dispone de los márgenes de tiempo ni de espacio que la mayoría de las precedentes tuvieron, porque el escenario es distinto: a) endeudamiento alto, cuestionado y sujeto a investigación, b) deterioro de la economía familiar y empresarial por el alza de impuestos, servicios y derechos, y c) una sociedad molesta y en movimiento que exige explicaciones y castigo a los responsables de haber hipotecado al estado con créditos irregulares.

La formación y estilo de Rubén Moreira es distinto al de su hermano Humberto, a quien el escándalo de la deuda, finalmente, lo forzó a renunciar a la presidencia del PRI. Al Gobernador se le reconoce como un político cerebral. El gabinete lo demuestra en la mayoría de los casos. Pues además de enviar un mensaje de apertura, con la suma de distintas corrientes, obedece a un entorno político y social distinto al de los últimos cambios de gobierno, por las razones expuestas líneas arriba.

El momento reclama templanza, firmeza contra el crimen organizado, coordinación entre los gobiernos federal, estatal y municipal y resultados inmediatos en estas horas críticas. Pero sobre todo, tolerancia y capacidad de interlocución con todos los sectores, en particular con las mujeres, los jóvenes y los empresarios. Juntos forman una ola de inconformidad creciente, la cual se expande de boca en boca y a través de las redes sociales.

Rubén Moreira es el Gobernador y es a él, como a sus predecesores, a quien se juzgará por lo que haga bien o mal, e incluso por lo que deje de hacer; y así será recordado. Los secretarios son piezas móviles y a la vez indispensables para que la administración funcione y no dependa de una sola persona. El Gobernador no puede abarcarlo todo ni es acosejable que lo haga, pues, en tal caso, los riesgos superan siempre a los posibles beneficios.

Por otra parte, el gabinete genera expectativas políticas a mediano y largo plazo, lo que producirá, al mismo tiempo, competencia entre los secretarios encargados de las carteras clave. Lo insensato –por los perjuicios que el futurismo provoca– es que sus aspiraciones los desborden y distraigan –como ya ha sucedido– de sus responsabilidades.

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