×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
03 Abril 2009 04:01:46
¿El juego del hombre?
Que demuestren vergüenza, celo profesional, dignidad, decoro

Juan Abusaid era de los empresarios que ejercían la política con espontaneidad y frescura, sin estiramientos. Del mismo estilo es Carlos Herrera, ex alcalde de Gómez Palacio. En su faceta de promotor deportivo, don Juan renegaba de los futbolistas: “Son unas vedettes”, me dijo varias veces, lo mismo en el Apolo Palacio que en sus oficinas del bulevar Constitución. Hoy eliminaría el galicismo para llamarlos de otro modo si los viera trasladarse en avión, quizá en primera clase, hospedarse en hoteles de cinco estrellas, ganar salarios de Wall Street y primas igual de exorbitantes.

Antes de que “Mundo” Dovalina, filósofo, anticuario y peluquero, mudase su “despacho” a la avenida Juárez, de Torreón, me presentó a una de las viejas glorias del balompié: “El Acapulco” Herrera. Sabía de quien se trataba, pues de niño acudí a uno de los entrenamientos de la Ola Verde, en el estadio de San Isidro, armado de un póster del guerrerense en busca del consabido autógrafo. Tanto le gustó, que terminé por obsequiárselo de buena gana. Hoy, con toda seguridad, pocos se acuerdan del ídolo. Le basta saber que lo fue, y de los buenos.

“¿Qué le parece el fútbol moderno?”, quise saber. Gesticuló y se encogió de hombros. “Ya no hay técnica, ahora todo es correr”, respondió. “¿Y los sueldos?”. “Qué barbaridad… es para no creerse”. Muchos al fútbol, el box, los toros, la lucha libre y otros deportes masivos entran por hambre y ese acicate les hace triunfar, aunque muchos en la cima se despeñan y caen a profundidades aún mayores de las que despegaron, incluso a las drogas, como fue el caso de Maradona. Pocos, los que administran fama y fortuna, salen bien librados.

En el pasado los futbolistas viajaban en autobús y se partían el alma en la cancha. De niño recuerdo en mi barrio —de Artes Gráficas y Madero— al “Capi” Lima charlar con un vecino, el mecánico que reparaba su modesto Volkswagen, sobre las incidencias del último partido de los Diablos Blancos y pronosticar el resultado del que estaba en puerta. Nada de “bluff”, el futbolista de antaño reconocía su raíz popular. Se asumía, digamos, como un obrero, valoraba su compromiso social, sobre todo con los niños y los jóvenes. Por lo tanto, no se embriagaba ni escandalizaba en antros. Hoy lo hacen muchos, incluso la víspera de un juego importante, como se ha documentado.

La Selección, insisto, no representa al país ni sus valores. Es negocio de fariseos y de televisoras que no crean afición, sino adictos a un espectáculo caro, enajenante y chatarra. Mientras las cosas marchen igual y el público no deje de acudir a los estadios y de aplaudir a fracasados llenos de complejos, así traigan al Zagallo de 1974 y rejuvenezcan y fichen, naturalizados ya, a Di Estéfano, Pelé, Cruyff y Maradona, el nuestro será un equipo ratonero.

No es que los futbolistas deban vivir en la inopia, pero sí, por lo menos, que demuestren vergüenza, celo profesional, dignidad, decoro, que pisen el campo con honor y desquiten los sueldos que les permiten vivir como rajás, en un país mayoritariamente de pobres. Y otra cosa: más respeto a la bandera, usada como señuelo en espectáculos bochornosos.


.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
Imprimir
COMENTARIOS



  • 0
5 6 7 8 9 0 1 2