Con esa definición afirmaba al cine como un arte con lenguaje propio, de donde también derivaba el deber de cualquier director a no hacer de una película una copia al carbón de una novela o cuento; el deber de asumir las consecuencias de una visión
propia.
Esto me vino a la cabeza tras ver la comentada “Watchmen”, de la cual sólo tenía malas referencias y quejas amargas por parte de fans. Yo la disfruté bastante, pero al verla es claro por qué los fans y un gran sector de la crítica le han dado duro. Los trabajos de Zack Snyder se han caracterizado por ser eso, copias al carbón (o al menos intentos) y por confundir tecnología con lenguaje
cinematográfico.
Es cierto que en “300” tenía que proceder de esa manera, porque su fuente (la novela gráfica de Frank Miller) ya había manoseado hasta el delirio el episodio de las Termopilas, y la única innovación era el carácter visual. Pero
“Watchmen” daba mayor rango de creatividad gracias a sus matices, sus historias paralelas, la riqueza de sus personajes y la experiencia de los lectores.
El viejo dilema entre si es mejor un libro o su versión fílmica tiene que ver con esa estirpe de directores perezosos o que asumen una postura de admiración abyecta frente a su fuente de inspiración y conceden que hay que mostrarla tal cual es.
En ello, el homenaje cede a la competencia e irremediablemente la película pierde porque su ámbito significativo es mucho más reducido; porque todo lo da, mientras que el libro lo pone todo bajo sospecha, todo al juicio del lector. Eso es la polisemia y es el ámbito que el gran arte
persigue.
Znyder presume sus tomas, presume su tecnología que puede emular el aspecto gráfico del cómic. Pero no crea. No interpreta. No nos ofrece aquella emoción muy suya que debió derivarse de su propia lectura.
Hay ejemplos magníficos de propuestas cinematográficas que se despegaron de su objeto creativo para ofrecer un producto que dispare las significaciones. Me viene a la cabeza la versión de Milos Forman de “Atrapado sin Salida”, radicalmente distinta de su fuente, la novela de Ken Kesey.
Pienso en el Quijote de Welles, que en espíritu es idéntica a la idea cervantina, pero con un armado distinto y fabuloso. “Adaptation” de Spike Jonze, en la que el genio de Charlie Kaufman no se basa en su fuente (“The Orchid Thief” de Susan Orlean) sino que juega con ella para crear una trama alterna sobre los apuros de un guionista.
Insisto, creo entender a los que la repudiaron. Zack Snyder es un copión irresponsable, con un gran talento en recursos visuales. Me da curiosidad saber en qué líos se va a meter para su adaptación de la joya de Bradbury “El Hombre Ilustrado”.
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