UN CHAVAL DE 17 AÑOS al que un irresponsable arrolló en Escobedo y le provocó fractura de cráneo.
ISAÍ ESTABA A PUNTO DE ser declarado muerto cerebralmente.
MI CUÑADO ME DIJO QUE esperaban un milagro…
UN VERDADERO MILAGRO.
VI EL ROSTRO COMPUNGIDO DE un hombre y de su esposa, quienes parecían tan indefensos…
TAN LLENOS DE PREGUNTAS Y tan dispuestos a creer, que me atreví a orar con ellos.
ESPERABA UN MILAGRO…
ME QUEDÉ CON ESA SENSACIÓN de que para ellos un milagro sería cosa de que alguien allá arriba tocase el botón adecuado y restableciera al joven.
AL MEDIODÍA ME LLAMARON…
“ACABAN DE BAJAR Y TIENEN el rostro más alegre, parece que les dieron esperanzas”.
MIRÉ AL CIELO Y AGRADECÍ por el milagro en ciernes.
PERO EN LA NOCHE MI cuñado me informó que el joven acababa de ser declarado en muerte cerebral.
“¿Y CÓMO?”…
ASÍ NADA MÁS…
LA VERDAD, DEBO DECIRLO, ME sentí hasta cierto punto defraudado; salí a la banqueta, miré al cielo y pregunté…
“¿EN QUÉ QUEDAMOS?…
¿EN DÓNDE ESTÁ EL MILAGRO?”
NO LO SUPE, NO LO sabía entonces.
UNO ESPERA MIRAR A DIOS en esos momentos, si no es así, ¿Qué sentido tiene?
LA GRAN LECCIÓN FUE CUANDO el padre del chaval me preguntó sobre los trámites para donar el corazón y las córneas de Isaí.
ESA GRAN LECCIÓN DE AMOR por dos desconocidos que en algún lugar de este país vivían colgados de la esperanza de encontrar un donador.
ISAÍ FUE ESE MILAGRO PARA ellos…
ALLÍ ESTABA DIOS, Y NO lo había visto.
.(JavaScript must be enabled to view this email address)
| Comparte ese artículo: |
|



