7 lecturas





Papel revolución

Si representar la figura humana comunica insospechados aspectos de la personalidad y la relación del sujeto con su entorno inmediato, pocos caminos tan reveladores e inquietantes como la obra de Lilette Jamieson.

Movimiento y forma

Morphos Psinética, la más reciente muestra de esta polifacética artista, disponible hasta octubre en los muros del Ágoras, es un buen pretexto para revalorar el poderío del dibujo como una herramienta de autoconocimiento y revelación del mundo.

Con reminiscencias a la obra del atormentado dibujante austriaco Egon Schiele, una vez más la dibujante coahuilense lleva sus inquietudes artísticas más allá de lo previsible. Lilette no se conforma con ofrecernos un dibujo solvente y rebosante de recursos técnicos, sino que plantea la proyección del cuerpo como un medio natural donde expresar las necesidades y conflictos del individuo posmoderno. Sus alturas o sus miserias, es decir, su paradoja.

Sospechosos comunes

Respaldada en una reflexión poco vista en el entorno artístico local, Jamieson, quien actualmente ofrece una exposición simultánea en el pabellón 5 del Museo del Desierto, aborda a través del retrato humano los estereotipos sociales y culturales que indudablemente inclinan la balanza de prejuicios a la hora de la percepción.

El experimento no se queda ahí, ya que la autora se atreve a confundir el dibujo desnudo con conceptos verbales, promoviendo la participación activa del espectador en la concepción de una presunta identidad. Un eco al cotidiano mecanismo de la construcción de los otros, y de nosotros mismos en la percepción ajena: ¿Cómo somos ante la mirada de los demás? ¿Cómo se teje esa red de equívocos donde se nos adjudica un rostro, una forma de ser?

Porque el prejuicio se construye de miradas.

Dibujantes del cuerpo humano que hablan mucho más allá del cuerpo en nuestro país los hay bastantes y muy buenos: el etéreo muralista Rafael Cauduro, la sofisticación de Víctor Rodríguez o el espejo bizarro y delirante de Daniel Lezama; pero bien sabemos que no basta el realismo ni el hiperrealismo para hablar de todos los mundos que caben en éste: delirante, mutable, imperfecto, inacabado.

Dibujo y apropiación

Basta papel revolución y carboncillo. Y una visión y un hambre de mirar. La realidad es un pretexto. La dibujante da forma al deformar. El silencio de la madrugada roto apenas por el roce del trazo contra el papel. Dibujos que al amanecer serán distintos. Apariciones. Criaturas erguidas dentro de la cámara oscura del ojo. Porque dibujar es escarbar, volver a mirar, y más que un sustituto de la memoria, como la foto, una forma física de imaginar.

Es sabido que el dibujo realista perdió su razón de ser con la aparición de las emulsiones fotográficas a finales del siglo antepasado. Es por ello que con trazos y palabras esta artista construye mundos e identidades: “tacos, facebook, café…”

Porque el mundo es un gran libro de caras. Caras y cuerpos que nos revelan otros mundos. Esta vez la dibujante disecciona en vida a sus personajes: sus aspiraciones, sus miedos y deseos.

Pero esta vez la dibujante no está sola.

Hace falta nuestra mirada, es decir, nuestro prejuicio, para que los monstruos se echen a andar.

Bardo de las bardas

“Prefiero dibujar a hablar. Dibujar es más rápido, y deja menos espacio para la mentira.

Le Corbusier
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