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El primero es un reconocido economista que se ha mantenido en la lista de los posibles ganadores desde hace ya varios años. La sorpresa probablemente fue Ostrom, quien es la primera mujer en obtener este reconocimiento y es poco conocida entre la mayoría de los economistas, probablemente porque no es en realidad economista, sino politóloga, pero quien ha realizado importantes trabajos en el campo del desarrollo económico. Pero más allá de estos datos anecdóticos, lo importante es entender qué es lo que se está buscando premiar.

De manera más general se está reconociendo a una escuela denominada la Nueva Economía Institucional. Tampoco es la primera vez que seguidores de esta corriente obtienen este premio, siendo el más reciente Douglas North, a principios de la década pasada.

A diferencia de una visión ortodoxa, en esta escuela destacan conceptos como racionalidad acotada, costos de transacción, contratos incompletos, comportamiento oportunista y el papel central de las instituciones, en un sentido más amplio. Estos no son conceptos triviales, pues trastocan la forma de entender el funcionamiento de nuestro sistema económico y sus implicaciones de política. Como señala John Nye, ex profesor de Washington University (enclave importante de esta corriente y donde también me dio clases junto con North): sus contribuciones ayudan a “entender cómo trabajan los mercados en el mundo real donde los costos de transacción son altos, el establecimiento de mercados que funcionen sin problemas es costoso, la información es incompleta y las opciones de contratación y producción son limitadas. Ellos muestran cómo las empresas, comunidades y organizaciones vienen a resolver estos problemas con la ausencia de regulaciones gubernamentales y cómo las decisiones que realizan pueden ser inhibidas por malas políticas públicas o apoyadas por buenas reglas que promuevan derechos de propiedad estables y contratos confiables”.

En otras palabras, señalan que los mercados no resuelven todos los problemas en la asignación de recursos e incentivos. Pero la sociedad encuentra maneras de hacerlo a través de estructuras organizacionales, arreglos u otras instituciones, valores, incentivos y reconocimientos. En esta agenda de investigación, la empresa no es sólo una función de producción sino una estructura de gobierno, lo cual no es cosa menor.

En uno de sus libros, probablemente el más conocido, Las instituciones económicas del capitalismo, Williamson señala que contrariamente a concepciones anteriores, en donde las instituciones económicas del capitalismo son explicadas en referencia a intereses de clase, tecnología o poder monopólico, el enfoque de los costos de transacción mantiene que estas instituciones tienen el principal objetivo de economizar en estos costos. Es decir, las instituciones juegan un papel central para el buen funcionamiento del sistema y su estructura de gobierno es fundamental.

Puesto de otra forma, a diferencia de una visión ortodoxa, estos planteamientos nos ayudan a entender que en los mercados existen circunstancias que conducen a que no se presente un equilibrio óptimo o este sea ineficiente. En esos casos, el diseño creativo de instituciones, cuya función sea la de provocar que se alcance una situación cercana a un resultado social y económicamente eficiente conducirá a mayor progreso económico y social. Y créanme que estas situaciones no son excepciones en el mundo real.

Es aquí en donde este tipo de desarrollos teóricos tienen mucho que aportar a nuestro país, no sólo para explicar por qué estamos en donde estamos, sino sugerir soluciones. Sabemos que una de las principales causas que nos impiden crecer y prosperar es que no hemos resuelto el problema de generar las instituciones adecuadas que promuevan esta condición, a pesar de las reformas estructurales de la década de los noventas. Nuestra historia ha sido la de generar instituciones que sólo promueven la redistribución de la riqueza entre grupos rentistas, sean del sector público, privado o social, pero no crean nueva riqueza ni promueven progreso. Estos es lo que está detrás de la ahora tan usada frase de que el país está capturado por estos grupos. Esta literatura nos ofrece explicaciones interesantes para entender, por ejemplo, los procesos de privatización y sus resultados, la relación contractual entre empresas privadas y públicas, el papel, funcionamiento y consecuencias de grandes compañías como Telmex, el papel y alcance de la regulación, las relaciones sindicatos-empresas y muchos otros campos en donde se presentan relaciones contractuales, pero en donde la existencia de costos de transacción requiere de idear las mejores estructuras de gobierno para conducir a resultados que beneficien a todas las partes involucradas. Creo que sería muy útil que nuestros responsables del diseño y ejecución de las políticas públicas en nuestro país se “echaran” un clavadito en esta literatura.

Investigador del CIDE y de la EGAL-ITESM-MX

.(JavaScript must be enabled to view this email address) http://wwwtinteroeconomico.blogspot.com/
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