El candidato presidencial del Movimiento de Renovación Nacional (Morena, que reúne al PRD, al PT y al Movimiento Ciudadano) dice que también son distintas las características entre su segunda candidatura y la de Ollanta Humala, que en 2011 ganó la presidencia del Perú —con el apoyo incluso de críticos del populismo como el influyente Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa—, después de fracasar en 2006 por sus posiciones radicales y su alineación con Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro. Los modelos del socialista peruano son ahora Luiz Inácio Lula, de Brasil, y Michelle Bachelet, de Chile.
El PAN, mientras tanto, deshoja la margarita. ¿Con quién se acomodaría mejor López Obrador? ¿Con Vázquez Mota o con Ernesto Cordero? Para el ex priista —dejó de serlo junto con Cárdenas, Muñoz Ledo y otros líderes del ala izquierda de la organización fundada por Plutarco Elías Calles en 1929—, el problema es otro: “quieren imponer a Peña Nieto”. Enseguida advierte: “(pero) no lo vamos a permitir”.
En las elecciones presidenciales de 2000, en las que Vicente Fox derrotó a Francisco Labastida, López Obrador venció en el Distrito Federal al panista Santiago Creel y al priista Jesús Silva Herzog. Fue el período en el que la capital de la República captó más inversión extrajera, replica para echar por tierra el mito de que él “es un peligro para México”; sobre todo para los empresarios, según propaló el PAN.
El candidato de las izquierdas firmó en Saltillo el Plan de Crecimiento Económico con el sector privado, ceremonia a la que asistieron alrededor de 700 empresarios de varios estados. Llegó en vuelo de Aeromar con su esposa Beatriz Gutiérrez Muller y su hijo Juan Ramón, y regresó por la misma línea a la Ciudad de México. El regiomontano Alfonso Romo, presidente de Pulsar, ofreció llevarlo en su jet, pero rechazó la invitación. López Obrador me había dicho antes “Yo soy consecuente, no falsario. Actúo como pienso”.
En la reunión, donde le acompañaron Romo, Fernando Turner, Armando Guadiana, Alejandro Gurza y Darío Martínez, el tabasqueño ofreció un crecimiento económico de 6% anual sin aumentar impuestos ni crear nuevas cargas. Crecer a ese ritmo generaría 1 millón 200 mil empleos al año. ¿Cómo? Con ahorros en el gasto público y la eliminación de privilegios fiscales, explicó.
Los empresarios celebraron también el ofrecimiento de eliminar el IETU. Una tarde redonda para “el otro” López Obrador. El que persuade con argumentos y pone buena cara incluso ante la pregunta punzante o provocadora, el político sencillo, no el soberbio de hace seis años que amenazaba, denunciaba cercos informativos y veía complots por todas partes. Hoy, el nuevo Andrés Manuel declara sin aspaviento: “el 1 de julio ganaremos para iniciar la transformación de México”.
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