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Juan Latapí
Juan Latapí
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10 Abril 2016 03:10:27
El país pierde billones
SABEMOS QUE EL PAÍS PIERDE billones de pesos por la inseguridad, sabemos lo que cuesta la corrupción en México, pero desconocemos lo que le cuesta por la tramitología y la burocracia que operan consumiendo incontables horas para realizar gorrosos trámites.

¿CUÁNTAS HORAS hombre se pierden diariamente por trámites complicados, carentes de sentido común y regidos por criterios absurdos?

TENER QUE HACER algún trámite en el SAT, en Recaudación de Rentas, en el Infonavit, en el IMSS o en el aparato judicial, es resignarse a perder irremediablemente varias horas, además de tener que soportar el humor avinagrado y malos tratos de los mal llamados servidores públicos.

Y NO SÓLO EN LAS dependencias oficiales, también en las empresas privadas se cuecen habas, como en los bancos, centros comerciales y hospitales.

Sin mencionar a los departamentos de recursos humanos -que son todo menos humanos- donde tratan con el pie a empleados y a patadas a quienes buscan trabajo.

A NADIE LE GUSTA pagar impuestos y mucho menos cuando existe la sospecha que el destino de esos recursos es dudoso y nada transparente. Aún así, hay ciudadanos convencidos en cumplir puntual y cabalmente con sus obligaciones tributarias.

SIN EMBARGO AL COMPLICADO sistema tributario se le ha olvidado que el ciudadano cumplido es quien le paga, y por el contrario, se le maltrata robándole horas de su tiempo y lastimando su paciencia.

Eso de que los servidores públicos están para servir es una bonita jalada. POR EJEMPLO, UN TRÁMITE que debería ser sencillo, como el cambio de propietario de un vehículo, es un proceso largo y gorroso. Primero se debe acudir personalmente a la oficina de Recaudación de Rentas para solicitar informes de qué requisitos son necesarios, luego hay que formarse para hacer una cita con el pretexto de evitar molestias y pérdida de tiempo; pero sucede que se debe perder tiempo haciendo fila para luego no perder el tiempo.

LA CULTURA ALDEANA DE LOS funcionarios no les ha permitido pensar en que los trámites se puedan realizar por internet.

SI EL DÍA DE LA CITA NO se puede asistir, el sistema burocrático no permite que un tercero acuda hacer el trámite; habrá que faltar al trabajo. Vale la pena preguntarse si el Gobernador o Ancira acuden personalmente hacer sus trámites burocráticos. Desde luego que no.

AÚN CON CITA HAY QUE FORMARSE y esperar. Cuando llega el turno, el burócrata a cargo, si no está mensajeando con su celular, está platicando con sus compañeros de trabajo; si se le reclama su falta de atención -que a final de cuentas es producto de su pobre educación- lo toma como una ofensa y ofrece respuestas tales como “no hay sistema” o “este papel está mal o le falta tal o cual”. Al argumentarle que ese requisito no venía especificado en la lista de requerimientos que ahí mismo proporcionaron, la respuesta del burócrata suele ser “es una nueva disposición”.

CUANDO ALGUIEN SE INCONFORMA ante el despotismo, invariablemente se obtiene por respuesta “si no le parece presente su queja”, apostándole a que el contribuyente no lo hará porque lo que quiere es concluir el gorroso trámite cuanto antes.

SI ALGUIEN SE ATREVE A PRESENTAR la queja es como jugar serpientes y escaleras donde los adversarios son otros burócratas mal encarados, entretenidos en atender a los vendedores de ropa, perfumes y tacos que entran y salen como por su casa.

POR FIN, CUANDO SE PUEDE presentar la queja hay muy pocas probabilidades de que prospere ya que se protegen unos a otros, por intereses o nepotismo.

A final de cuentas habrá que solicitar otra cita para reiniciar el trámite.

ESTA SITUACIÓN ES COMÚN en todas las dependencias públicas donde rige la casta dominante de la burocracia.

TAL PARECE QUE EL sistema burocrático y de tramitología está hecho para favorecer la ilegalidad.

Muchas veces resulta mucho más sencillo y económico dar un moche por no cumplir con alguna obligación que perder tiempo en la tramitología.

TODO ESTE SISTEMA HA contribuido para que a la ilegalidad la veamos como parte de la picardía mexicana, a la corrupción como un mal necesario y a la impunidad como el antídoto contra la molesta indignación.

ILEGALIDAD OMNIPRESENTE desde la corrupción hasta utilizar el celular mientras se maneja. Es la misma que se aprende desde el hogar y donde se festeja la impunidad. Y ni quién se indigne.

ESTE APARATO BUROCRÁTICO le resulta redituable al Gobierno en turno al poder contar con peones para fines partidistas y electoreros y a la vez tener a la gente ocupada en tareas sencillas y sin esfuerzo mental, donde hacen como que hacen a cambio de un salario y prestaciones.

ESTE PERVERSO JUEGO DE muchas serpientes y pocas escaleras hace pensar que pagar impuestos es patrocinar este sistema injusto y absurdo.

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