En su estrategia por ganar la candidatura del PAN a la gubernatura de Guanajuato, el ex secretario de Gobierno Gerardo Mosqueda mueve el piso del favorito del mandatario Juan Manuel Oliva: el secretario de Desarrollo Social. Quiere la renuncia de Miguel Márquez Márquez. Hábil, dijo hace unos días que él renunciaba “por coherencia y para transparentar al pie de la letra la precampaña”. Y ahora presiona para que Márquez sea coherente. El paso tres de Mosqueda es claro: brincarse a la dirigencia estatal del PAN y al gobernador, y cerrar con el CEN panista su candidatura. ¿Cómo? Con una encuesta a población abierta. Intenta vender la idea de que se mida la popularidad de él, de Miguel Márquez y de José Ángel Córdova, secretario federal de Salud. En una de esas, gana. Y así Oliva perderá la candidatura para su hijo político; pero se la dejará a su Frankenstein.
“Cometieron un exceso tremendo”, dijo Marcelo Ebrard. Se refería a la protesta que realizaron vecinos que rechazan la construcción de la Supervía Sur-Poniente en la colonia La Malinche del DF. Unos pensaron que hablaba de los diputados federales, de los asambleístas, de los priístas y de los amlistas; otros, que se refería a los perredistas o a los panistas o a los curas. La confusión no es gratuita: el jefe de Gobierno ha hablado de todo en estos días. Es lo malo de su nueva estrategia de posicionamiento nacional…
Apunte final: Parece que el Congreso sí sostendrá el aumento de 7 pesos por cajetilla de cigarros contra los intereses de las riquísimas y poderosísimas tabacaleras. Falta saber qué sucederá cuando empiecen a negociar en lo oscurito.
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