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Es claro que la Iglesia católica tiene una enorme influencia sobre miles de millones de habitantes en el mundo, por lo que resulta útil realizar una breve revisión de algunos de los conceptos incluidos en este documento.

Habría que señalar que esta encíclica se desarrolla tomando como base otra publicada por el papa Paulo VI en 1967, poco después del Segundo Concilio Ecuménico, titulada “Populorum Progressio” y en la que expresa el punto de vista de la Iglesia católica respecto al concepto de “desarrollo integral de la humanidad”.

En el documento actual se hace referencia a un conjunto de elementos que explican los problemas actuales, destacando el juego de las fuerzas técnicas, la interrelación mundial, los efectos dañinos derivados de un negocio financiero mal manejado y altamente especulativo; la migración de gente a gran escala y la explotación no regulada de los recursos naturales. Éstos son aspectos que requieren de solución.

De manera importante, este documento dedica amplio espacio al mercado laboral y la seguridad social. La reflexión la presenta en el marco de los procesos de globalización. En este sentido señala que la creciente competencia internacional en busca de capitales mediante el uso incentivos fiscales y desregulación laboral también ha conducido a degradar los sistemas de seguridad social poniendo en peligro los derechos de los trabajadores, derechos humanos fundamentales y la solidaridad asociada con las formas tradicionales del Estado social. Esto significa que estos sistemas de seguridad social no pueden cumplir con sus objetivos, particularmente en países pobres y emergentes. Pero en esta reflexión le toca su golpecito a los organismos internacionales, ya que critica aquellas políticas de ajuste presupuestal dictadas por estas instituciones que terminan por dejar indefensos a los ciudadanos frente a viejos y nuevos riesgos, lo cual se agrava por la creciente pérdida de protección efectiva por parte de las asociaciones laborales. A pesar de reconocer los beneficios derivados de la creciente movilidad laboral, también señala que puede crear nuevas formas de inestabilidad sicológica afectando la vida familiar de los trabajadores y conduciendo a desperdicios sociales y nuevas formas de marginalización. En suma señala que “la ciencia económica nos dice que la inseguridad estructural genera actitudes antiproductivas y desperdicio de recursos humanos, en la medida que los trabajadores tienden a adaptarse de manera pasiva a los mecanismos automáticos, en vez de aprovechar la creatividad. En este punto también existe una convergencia entre la ciencia económica y la evaluación moral. Costos humanos siempre incluyen costos económicos y disfuncionalidad económica siempre entraña costos humanos”

El documento va más allá al sugerir que se requiere de una mayor y más profunda reflexión sobre el significado de la economía y sus objetivos, al igual que de una profunda y amplia revisión del modelo actual de desarrollo para corregir sus disfuncionalidades y desviaciones. Disminuyendo el nivel de protección de los trabajadores o abandonando los mecanismos de redistribución de riqueza con la finalidad de aumentar la competitividad internacional del país, termina por afectar las posibilidades de un desarrollo de largo plazo.

Esta encíclica aborda otros conceptos de manera interesante, como sería el tema de las ganancias o el papel del mercado. Critica la concepción binaria mercado-Estado en donde ambos mantienen su poder monopólico, lo que termina por afectar el crecimiento y desarrollo de los países. Aunque reconoce la importancia de los flujos internacionales de capital, crítica el hecho de que éstos se guíen por ganancias especulativas y se pierda la oportunidad se ser reinvertidos produciendo riqueza en el lugar donde se generan estos capitales. Por falta de espacio no puedo profundizar en esta nota, pero invito al lector a revisar este documento, el cual considero interesante y es probable que pueda incluso levantar alguna polémica en los próximos meses. No es mi tema la Iglesia, pero estoy seguro que el papa Paulo VI podría caracterizarse como más liberal y abierto a muchos temas y discusiones que el actual papa Benedicto XVI. Pero no cabe duda que lo profundo y complicado de la actual crisis está provocando un desplazamiento en los ejes y puntos medios de la geometría ideológica en muchos campos.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
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