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No hay mejor doctrina en todas las actividades humanas, que la doctrina del perdón.

Para Buda, perdonar era la máxima expresión de nobleza en el ser humano.

Para Mahoma, era la prueba de que la paz anidaba en el corazón.

Para Ghandi, perdonar era la máxima prueba a que podía someterse un alma.

Perdonar no favorece al perdonado, sino a quien perdona, dijo una vez Ellen Keller.

Y tienen razón…

El cristianismo tiene su base en el amor que todo lo perdona.

No hay mejor medicina que perdonar, para aquellos que se sienten agraviados.

Sin embargo, para que el perdón exista, hay que solicitarlo.

En ninguna oriental u occidental, el perdón se otorga sin un reconocimiento previo de quien cree, o reconoce que agravió a otro.

En la política, sin embargo, solicitar el perdón es algo inusual, prohibido.

Y sin embargo, quien ha solicitado alguna vez el perdón, en vez de terminar pisoteado, acaba reivindicado.

Bill Clinton mintió dos o tres veces…

Lo hizo cuando negaba enfáticamente haber tenido sexo con Mónica Lewinsky, lo cual le ganó el desprecio de su pueblo.

Y no fue hasta que, seguramente agobiado por las presiones públicas y el temor a que se derrumbase su mandato, realizó un gran acto para pedir perdón a su esposa, a su pueblo y a su Dios.

Bill Clinton fue perdonado por la opinión pública…

Y la foto del hombre con el rostro inclinado y los ojos apretados recorrió el Mundo como un mensaje de que estaba doblegado por su error.

Clinton resurgió para ser considerado el mejor Presidente de los Estados Unidos en los recientes 50 años, o quizá 100.

Pero insisto, los políticos nunca solicitan el perdón…

En México gastan millones de pesos en conseguir que las auditorías les favorezcan.

Prefieren pagar cinco millones de pesos al coordinador de una mayoría para que les apruebe sus cuentas mochas, prefieren enviar a un propio con la chequera en blanco para obtener absoluciones en los procesos de investigación.

En Monclova tenemos políticos con plumajes blancos de tan blancos, pero olorosos a papel moneda.

Todos tienen, todos tenemos derecho a un borrón y cuenta nueva…

Pero antes del borrón hay que reconocer, hay que inclinar la cabeza y reconocer que se ha fallado.

Zaqueo, el gran corrupto, cuando reconoció su error se comprometió a regresar con intereses todo lo que se había robado, sin necesidad, porque ya lo habían perdonado.

¿Será posible que los grandes ladrones del erario se propusieran un día dar la cara al ciudadano, pedir perdón y regresar lo malhabido?

A la puerta tocan…

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