La educación es un asunto primordial para el desarrollo de un país. El atentar contra ella vulnera la calidad de vida de la niñez y la juventud. El tentar contra ella es realmente un verdadero crimen: Coarta la posibilidad de los alumnos a salir de la pobreza y de conocer una vida de calidad. Jamás deberá permitirse que los niños y jóvenes se queden sin clases porque los maestros utilizan la suspensión o el bloqueo de calles para exigir que se resuelvan los conflictos internos del sindicato de maestros.

El candidato o candidata que ofrezca la mejor propuesta para acabar con el problema vergonzoso de recurrir a suspensiones y bloqueos que afectan a la población más vulnerable, será aquel o aquella que tenga una mayor probabilidad de triunfo en las próximas elecciones para la presidencia tanto de México como de Estados Unidos.

Una historia que habla de la educación como factor determinante en la vida de una persona la escribió la británica Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007, quien en 1919 nació en Persia, hoy Irán. Con mucho sacrificio su madre compraba libros que llegaban desde Inglaterra en grandes paquetes envueltos con papel madera y que fueron la alegría desde sus primeros años. Una choza de barro con techo de paja, sin electricidad ni agua corriente, pero llena de libros. Desde su juventud pertenece a una pequeña organización que se fundó con el propósito de abastecer de libros a las aldeas africanas. En una de ellas, llamada Zimbabwe, habían pasado tres días sin comer, pero seguían hablando sobre libros y cómo conseguirlos.

Cuenta que el maestro, una persona con alma genuinamente idealista, llega de Londres para ayudar al continente africano. En las burdas paredes de la escuela hay pizarrones, pero el maestro guarda las tizas en el bolsillo para evitar que las roben. No hay atlas, ni globo terráqueo, libros o cuadernos en el salón. En la biblioteca no hay libros de texto, solo volúmenes desvencijados de universidades demasiado pesados para levantar; ejemplares descartados de bibliotecas del primer mundo.

El maestro no tiene dinero porque los alumnos piden prestado cuando cobra el sueldo y es probable que nunca le paguen. No hacen tareas escolares en sus chozas porque no hay electricidad en las aldeas y no es fácil estudiar a la luz de un leño encendido. Para las niñas es más difícil: Deben cocinar antes y después de llegar de la escuela. Las madres acarrean agua desde el río y troncos para la estufa.

Doris recuerda que todos le pedían libros: “Por favor, mándanos libros cuando regreses a Londres”. “Nos enseñaron a leer pero no tenemos libros.” En la escuela, rodeada de nubes de polvo, el maestro se esfuerza con todo su ser ante unos niños y jóvenes de rostros inexpresivos. No entienden lo que dice porque no hay imágenes en sus mentes para asociar con aquello que les cuenta. “¿Qué son las computadoras?”

Dicen que la lectura es el alimento del alma. Uno de los chicos aprendió a leer sólo por medio de las etiquetas que aparecían en los frascos de mermelada y en las latas de conserva descartadas. Otro aprendió a contar con piedritas que movía sobre la tierra: “Dos más dos…” Una niña dibujaba las letras del abecedario con un palito en el suelo bajo el sol calcinante y en medio de una nube de polvo. Cada vez que llega una caja de libros a una aldea se la recibe con lágrimas de alegría.

En Mara y Dann, otro de sus libros, Doris Lassing a través de una emocionante y cautivadora novela cuenta las aventuras de dos hermanos en un futuro imaginario; explora las características del mundo actual y las consecuencias de los actos humanos. Los niños Mara y Dann, víctimas de un complot palaciego, deben abandonar su familia y país para escapar de una muerte segura. Pese a sus enemigos, varias personas les ayudan a llegar a una pequeña aldea, donde una mujer los cría y les enseña a hacer frente a su difícil existencia. La persistente sequía los obliga a unirse a los grupos migratorios que avanzan a través de tierras áridas e infestadas de peligro. Van hacia el norte en busca del agua y la civilización, iniciando así una gran aventura durante la cual, aunque a veces su vida es amenazada, conocerán los valores y sentimientos que vinculan a los seres por muy distintos que éstos sean, experimentando emociones hasta entonces ignoradas; así descubren cuál es su propia identidad.

A través de espléndidas historias, Doris Lassing, de una manera provocativa y estimulante, trata de hacernos comprender la importancia extrema de la educación en la vida de los niños y jóvenes. Tenemos flamantes escuelas y montañas de libros, en muchas partes pizarrones inteligentes y computadoras, ¿y los maestros haciendo bloqueos?


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