Hace unos días, el jueves pasado para ser exactos, invitado por mi gran amigo Vicente Morales -organizador del Consejo Anual Fiscal-, accedí a hablar sobre la sucesión presidencial en 2012 y acudí para ello al Centro Banamex, en la Ciudad de México. Confieso que cuando recibí el programa de conferencias sólo me detuve, para confirmar, en el horario de la que me correspondía dictar y en el salón dispuesto para la misma, el Montejo 2. No me percaté de los otros oradores, especialistas más bien en temas fiscales, creyendo que la excepción política la representaba este columnista.
Al llegar, tempranito como acostumbro previendo bloqueos y retenciones de tránsito, me encontré con Morales, el anfitrión, y le di un abrazo al pie de las escaleras eléctricas. Alcancé a verlo, detrás de una mampara, sin alcanzar a otear sobre quienes le acompañaban. Fue entonces que me dijo:
--Seguramente ya conoces... a Manuel Bartlett (quien también hablaría en otro horario, en el mismo salón, sin que yo lo supiera).
No pude contenerme. A la mente volvieron, como ráfagas de ametralladora, los recuerdos siniestros. Y le espeté al sujeto aquel, predador además del fraude electoral más escandaloso de la historia en 1988 sólo equiparable en algunos escenarios con el del 2006:
--Yo no saludo a este hijo de p...
Lo dije de frente, mirándole el rostro que palideció mientras su gesto se descomponía. Le vi muy delgado, acaso por eso percibí un ligero temblorcillo, esperando su reacción y listo a repelerla. A cambio de ello se quedó demudado, descompuesto, inquieto. Opté por alejarme, muy lentamente, para pasar la hora tomándome un café y esperar mi intervención. Bartlett, por supuesto, ya sabía que estaba yo allí.
Mi gran amigo, Lorenzo Silva Chacón, quien me acompañaba sólo alcanzó a escuchar que Bartlett repetía mi apellido como tratando de componerse. Luego, durante su disertación, a la que asistieron sólo siete personas según me confirmaron varias fuentes, además con mal aire por los reproches estentóreos de que fue objeto, evadió las preguntas y respuestas -por aquello de ahorrarse tiempo- y solicitó a los organizadores que le remitieran a “un cuarto seguro” para evitar una segunda confrontación, temeroso de que las aguas se salieran de cauce. Un comportamiento, claro, propio de quienes se sienten y se saben culpables. Y allí estuvo, casi en calidad de detenido, esperando que yo pasara hacia el recinto convenido -los mismos operadores resolvieron cambiarlo para que Bartlett pudiera salir-, exclamando:
--Por favor, no quiero volver a encontrármelo.
Y, con la larga cola entre las patas, salió apresurado, acobardado, ya sin los habituales custodios que le rodeaban en sus días de poder. Otra gran amiga mía, Bonnie Schernovsky, me confió que asistió a la supuesta conferencia de Bartlett y me aseguró que no podía mostrarse sereno, le temblaban las manos y hasta los pies. Nadie, a pesar de tantas afrentas por él infringidos, le había dicho, a la cara, lo que es. Ya dirán sus patiños que me enfrentó a una anciano. No me tengo la culpa de su edad ni de cuanto ha vivido después de haber sido elemento central en los asesinatos de don Carlos y de Manuel Buendía, además de más de las ejecuciones de doscientos setenta líderes políticos de izquierda pertenecientes al movimiento neocardenista al que destroncó con la inolvidable “caída del sistema” -como explicó él mismo cuando interrumpió el conteo de sufragios porque le era adverso al PRI-. Ahora pretende darse un lujo que no tiene ni merece: El de crítico. Sólo los amnésicos y los vividores se atreven a respaldarlo.
Debate
Cada vez el régimen de Calderón se parece más al de Miguel de la Madrid, al que consideraba el peor antes de llegar al escenario presente. Veamos:
1.- En 1986, durante una visita al Club de Prensa de Washington, Miguel de la Madrid se opuso a la sugerencia de que aviones norteamericanos con tecnología de punta sobrevolaran nuestro territorio en busca de plantíos de mariguana y amapola, siembras que comenzaron en Sinaloa, por cierto, como una especie de aportación al Ejército norteamericano durante la II Guerra Mundial. Las tropas requerían de las drogas para soportar los sufrimientos habituales en los enfrentamientos bélicos. Pese a lo declarado por el mandatario, a partir de esa hora -bajo la presión tras el presunto asesinato del agente de la DEA, Kike Camarena Salazar -del cual tengo dudas razonables que expreso en “Nuestro Inframundo”, Jus, 2011-, la Embajada del poderoso vecino y sus consulados se llenaron de cientos de “agregados militares” con experiencia en espionaje y otras lindezas.
En la actualidad, Calderón deambula por la misma línea. Alega que defenderá la soberanía pero cada vez es más vulnerable ante las intenciones de “coordinarse” con las fuerzas estadounidenses en busca de narcos y terroristas.
2.- Con De la Madrid se dio el primer gran “boom” del narcotráfico; y con Calderón, sin duda, el segundo.
3.- Ambos mandatarios insisten en que son honrados a carta cabal y con una familia bien integrada. Al paso de los años, en el caso del señor De la Madrid, se han descubierto infinidad de negocios turbios y depósitos en el extranjero; por desgracia, la misma ruta que siguen los cuñados incómodos de Calderón bajo la administración de la otrora admirable Margarita Zavala, listos a comprar, con prestanombres, Mexicana de Aviación cuando llegue al precio más bajo.
4.- De la Madrid y su administración tienen el lamentable récord de asesinatos contra periodistas, nada menos 78, y el señor Calderón ya suma, durante su gestión, 74. Está muy cerca de alcanzarlo y a lo mejor antes de fin de año lo consigue.
5.- De la Madrid refrendó a un usurpador, Carlos Salinas, incluso con el aval del izquierdista presidente de Cuba quien estuvo presente en la deplorable asunción de éste; y Calderón ha sido llamado espurio desde 2006 y no quiere perder el control para asegurar el continuismo acaso procurando la misma crispación de 2006.
6.- Y lo peor: sendos personajes se pasaron sus gestiones aduciendo que habían controlado las desviaciones financieras y, sin embargo, tuvieron que callar cuando la realidad los alcanzó. Calderón está a punto de enfrentar la segunda crisis recesiva mundial sin refugios ni justificaciones mientras su ex secretario de Hacienda, muy orondo, insiste en ganar la candidatura panista... con el 14 por ciento de los votos de la militancia de su partido.
Los extremos, como en las leyes de la física, también se tocan en política.
La Anécdota
Cuando, en abril de 1989, visité a Miguel de la Madrid en su mansión de Coyoacán, acompañado por mi entonces editor Rogelio Carvajal –no confundir con el gerentito Villarreal-, y mi hijo Carlos, le inquirí sobre la muerte de mi padre. Y me respondió:
--Sobre el crimen contra Don Carlos sólo puedo decirle que mis “buenas intenciones” me las empañaron en Gobernación (donde despachaba el siniestro Bartlett).
Así lo informé a Carlos Salinas, en Los Pinos, sin que se diera curso y seguimiento al burdo montaje. Hasta hoy. Por eso, no lo niego, me sentí tan bien al encarar y calificar al nefasto ex señor de Bucareli.
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