La historia del PAN registra a María del Carmen Bolado del Real como su primera senadora y a Esperanza Gómez Mont como la primera en ganar una delegación (Benito Juárez) en el Distrito Federal, en 1994. Hoy puede también jactarse de ser el primero —de las tres principales fuerzas políticas del país— en postular a una mujer para la Presidencia. Antes lo fueron, por partidos marginales, Rosario Ibarra de Piedra (PRT) en 1982 y 1988; Marcela Lombardo (PPS) y Cecilia Soto (PT) en 1994.
La candidatura de Vázquez Mota modificará las tendencias para los comicios del 1 de julio. La lista nominal de electores la conforman más de 77.6 millones de ciudadanos, de los cuales 51.88 por ciento son mujeres, sector que más resiente no sólo los efectos de las crisis económicas, sino también los de una cultura machista, exclusivista, que hasta hace poco las relegaba a un segundo o tercer plano. Hoy, dos de las principales economías del subcontinente son gobernadas por mujeres: Dilma Rousseff (Brasil) y Cristina Fernández (Argentina). Entre una y otra, Michelle Bachelet subió a Chile varios escalones.
No significa que sólo esos factores basten para que la candidata de la derecha derrote a Enrique Peña y a López Obrador. Sin embargo, Vázquez Mota le brinda a su partido lo que hasta el mediodía del domingo no tenía: competitividad. Si la expectativa real de una alternancia hacia la izquierda suma legiones al Movimiento de Regeneración Nacional, el PAN ofrece ahora a los mexicanos algo igual o más trascendente: la oportunidad histórica de ser gobernados por una mujer, no por un macho irredento o por un mesías convertido.
En política no siempre —o casi nunca— un buen candidato deviene buena autoridad, sea alcalde, gobernador o presidente (Vicente Fox). Hay, en cambio, malos candidatos (Ernesto Zedillo) que sí resultan serlo. Mas no siempre, por lo mismo, son los postulados. Es lo que le sucedió a Ernesto Cordero, para mí el mejor calificado de todos los aspirantes a suceder al presidente Calderón, incluida Vázquez Mota. Por su propia formación y estilo, refractario al populismo, jamás conectó con el gran público.
El triunfo de la ex secretaria de Educación, en el caso de Coahuila, fortalece a Jorge Zermeño, precandidato a senador, y debilita al grupo corderista de Guillermo Anaya, quien pretende volver a la Cámara Baja, lo mismo que a Jesús Ramírez, otro de los aspirantes al Senado. Ya con abanderada presidencial, al panismo le resultará menos gravoso resolver las candidaturas al Congreso federal, el 19 de febrero. El PAN busca revivir viejas glorias, sobre todo en La Laguna, donde el malestar social y el perfil de los candidatos del PRI a diputados facilita la tarea.
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