A LAS TRES DE LA MADRUGADA, el caserío estaba muerto…

A VECES, SOLAMENTE A VECES, me daba por medio abrir los ojos y preguntarle a mi cuerpecito lánguido de seis años, si acaso quería orinar.

PERO NO…

USUALMENTE A ESA HORA NOMÁS el canto de los grillos… ese rumor lejano de las chicharras y una que otra lechuza…

IBA A PEGAR EL OJO de nuevo, cuando escuché un grito lejano, que venía -pensé de primeras- desde el rumbo del brujo don Fermín…

“¡AAAAANCHO… AAAAANCHO¡”, ASÍ ESCUCHABA DE principio…

PERO LUEGO SE FUE ACLARANDO todo…

“¡AGARREN AL SANCHO… AGARREN AL Sancho!” ¿EL SANCHO?…

Y EL LADRADERO DE PERROS… el alborotadero de gallinas… el prendedero de luces…

MI SABIO PADRE SE LEVANTÓ de un brinco…

andaba en calzoncillos largos, pero él no prendió la luz.

SE ASOMÓ POR UNA RENDIJA de la pared de madera…

“¿QUÉ ES PAPI?”

“NADA… NADA… DUÉRMETE”.

LUEGO UN TRONIDO COMO DE cuete…

“¡AGÁCHENSE!:, DIJO MI PADRE…

Y DE INMEDIATO SALIÓ…

AQUELLO NO ERA UN CUETE… metiche que soy desde entonces, me salí detrás de él… don Fermín venía con su pistola echando tiros al aire, para ver si lograba que un tipo que corría en calzones rumbo al pozo de perforación, se detuviera.

¡QUÉ SE IBA A DETENER!

YO TENÍA FRÍO… Y MÁS cuando vi la pistolota aquella… ora sí me dieron ganas de orinar, así que desenfundé y a través de las tablas dirigí el chorrito hacia el patio, pero dejé la oreja encendida para captar.

“NO SEA BÁRBARO DON FERMÍN… no salga disparando así que le va a pegar a gente inocente”.

“PERDONE VECINO”, RESPONDIÓ EL BRUJO, “Es que ese desgraciado vino a manchar honores…

y uno se encabrona”.

MI SABIO PADRE LE DIJO que si lo había visto bien… que si lo conocía…

“NOMÁS LE VI LAS NALGAS”.

MI PADRE LE PUSO LA mano en el hombro… ya venía gente de otros lados a ver el chisme.

“MIRE DON FERMÍN… YA VIENE la gente chismosa, los dos andamos en calzones… mejor vamos a decir que era un ratero”.

“¿Y POR QUÉ?”

“PORQUE APARTE DE CORNUDO, AL verlo a usted en esas carnes, todos van a decir que con razón su mujer se los montaba”.

DON FERMÍN VIO SUS PIERNAS flacas, enjutas…

blancas de tan blancas…

“TIENE RAZÓN… FUE UN RATERO”.

Y FUE UN RATERO… ¿PA' qué más que la verdad?

.(JavaScript must be enabled to view this email address)
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb