Autor de la famosa reflexión: “La razón no sirve para la existencia” y prófugo de la ciencia, el marxismo, el existencialismo, y demás “ismos” que contaminaron la literatura del pasado siglo, el casi centenario escritor argentino cumplió este 24 de julio 99 años.

El lado oscuro
Nacido en la provincia argentina, este sombrío personaje fue un escritor tardío. Publicó su primera novela después de los 30 años. Hacia 1948, la tenebrosa trama de “El Túnel”, historia que engarzó como nunca antes la delicada frontera entre el arte, la locura y el crimen, fue festejada con entusiasmo por autores como Albert Camus. Existen hasta donde sé, dos versiones cinematográficas de este libro: una argentina, de alrededor de 1950. Y una norteamericana, de los 80, donde el actor Peter Weller (que luego haría de Robocop) encarna al desquiciado pintor Juan Pablo Castel.

Volver Jamás
Dicen que uno se debe también a sus renuncias.
Como muchos escritores de su tiempo, Sábato se vio influenciado por el triunfo de la Revolución Rusa y la esperanza que traía consigo la Guerra Civil Española. Aterrado ante los crímenes de Stalin, fue de los primeros en denunciar las monstruosidades incubadas con los pretextos de la ideología. Pero ahí no terminaron las dimisiones, Doctorado en Física y ayudante en el laboratorio Curie de París, el escritor austral empezó a cuestionarse el sinsentido de la ciencia en un mundo cada vez más vulnerable a la amenaza nuclear y el culto a la tecnología. Fue la segunda abdicación.

Informe Negro
Tuvo sus acercamientos con Borges y con Bioy, por quienes siempre demostró admiración a pesar de sus diferencias políticas. Tardó muchos años en publicar su segundo novela: la sombría “Sobre Héroes y Tumbas” (1961), calificada por muchos como la mejor novela argentina del siglo 20. Alejado del esteticismo, provisto de una prosa desnuda, y hasta cierto punto fría, Sábato buceó en las alcantarillas de la maldad humana a partir de una anécdota policial. En alguna ocasión declaró que su libro había sido publicado gracias a que su mujer salvó varias veces el manuscrito del fuego, a donde lo había condenado el autor.

Sábato siempre dijo que toda esa oscuridad, toda esa terrible historia de incesto y asesinato padecida por el clan Vidal provenía de las regiones más oscuras del subconsciente.

Exterminio
Luego de volcarse al ensayo, donde cuestionaba el incipiente culto a la tecnología, tachado de retardatario —“Hombres y Engranajes”, “Uno y el Universo”— en 1974 volvió para contar su última y apocalíptica profecía de ficción: “Abaddón el Exterminador”. Fue ahí donde se volcó a la experimentación de la metaliteratura, y donde a medio camino entre el ensayo filosófico y la novela histórica predijo el baño de sangre en que se sumiría su país en los años subsiguientes.

La resistencia
Candidateado en muchas ocasiones al Nobel —del que ha dicho que es “el premio más municipal del planeta”— en sus últimos años Sábato renunció de nuevo.

Abandonó la literatura para dedicarse a una de sus pasiones más tempranas, la pintura. Y sólo volvió a escribir una especie de testamento literario dedicado a su público más amplio, los jóvenes: “Antes del Fin” y “La Resistencia”.

Hoy, sumido en una especie de anarquismo cristiano y casi ciego, este autor fundamental sobrevive alejado, sólo para emerger de vez en cuando y sacudirnos con sus palabras: “La vanidad es tan fantástica, que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados”.

Bardo de las bardas
“Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia”.

Ernesto Sábato
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