Dicen que la mayoría de los creadores –fotógrafos, pintores, escritores– somos músicos frustrados. No sé qué tan cierta sea esta afirmación, tan sólo diré que conozco a más de uno que cambiaría todos sus libros o sus cuadros por un regular talento para la instrumentación o el canto.

Canciones de sol

Lo anterior a cuento porque escucho el cd “La Ruta Natural” de la agrupación saltillense Paseo de Ovejas, edición posterior a su triunfo en el Primer Concurso Estatal de Bandas de Rock, organizado por el Instituto Coahuilense de Cultura. Pero ¿qué es Paseo de Ovejas? ¿Cuál su genealogía sonora?

Aventuro unas hipótesis...

Paseo de Ovejas es un cuarteto conformado por Adalberto Montes, Roy Carrum, Joselo Muerto y Ángel Bosquez. Una de las tantas particularidades de esta sólida agrupación es que dos de sus integrantes –Carrum y Montes– se dedican de manera paralela a las artes visuales, asunto aún más anómalo cuando se desempeñan de manera destacada en su doble faceta de creadores.

Pero no se trata sólo de un grupo que descansa en el talento de dos artistas plásticos, ya que desde el track inicial se nota la solidez de un conjunto dueño ya de un estilo propio.

Huellas

Aun siendo una propuesta que fusiona diversos géneros, yo situaría el sonido de Paseo en el Norte; esa melódica y esos sintetizadores que recorren el disco no son otras cosa que una resonancia posmoderna del acordeón norteño que por igual remite a la juglaría de Mario Saucedo –“ese mar lo forjé sin que nadie supiera”– que a la desmesura de un jovencísimo Cornelio Reyna cuando recorría las cantinas de Saltillo armado de su guitarra y su revólver.

Mucho más allá de un pop juguetón, “La Marcha y la Mar”, la primera pista del disco recuerda a The Beatles en su etapa más desenfadada, a un neo cardenche (escuchen la voz de la “marrana” en los coros) pero también a los mejores Flaming Lips y un origen insospechado: la agrupación noventera Bola Cuadrada.

No sé si los integrantes de Paseo escucharon alguna vez a esta banda integrada allá por inicios de los noventa. Conformada por Arturo Marines (Quién trabaja ya en su primer disco) Manuel Samaniego, el “Show Banana”, Gustavo Morales y el excelente músico Daniel Arizpe, Bola fue una de las bandas más propositivas de su época: fusionaron el rock con la polka, la trova con la cumbia, lo orgánico con lo eléctrico; a la manera de Sangre Azteca, grupo precursor de La Barranca.

La conquista

Paseo de Ovejas es una banda posmoderna en muchos sentidos, anclada en una cierta tradición –texturas del rock ochentero que se filtran junto a la sencillez y los juegos vocales del dueto Belle & Sebastian– dan pie a un disco redondo: desde la agridulce “San Pedro” hasta la dylaniana “Naty” el grupo explora con los juegos del idioma y de los recuerdos, erigiendo un edificio sonoro, rico en matices y texturas que dan cuenta de los alcances de esta banda.

Veo a “La Ruta Natural” como un edificio de habitaciones infinitas, un no-lugar donde conviven las irreales atmósferas de lo circense (ojo con el estupendo arte del disco a cargo de Adal Montes y Roy Carrum), los resabios filtrados y vueltos a filtrar de la polka más desnuda junto a las preocupaciones estéticas de cualquier hombre al inicio de este milenio. Y dentro de todo esto, los músicos saltillenses no aspiran a la grandilocuencia: no quieren sonar como Nirvana, ni como los engendros de la movida regia; sus letras ahondan en los abismos de lo cotidiano, los recuerdos familiares y los pormenores de la distancia, el desamor, la alegría o la confusión del hombre común.

Estas ovejas juegan al pastar: balidos electrónicos explorando el tiempo y el espacio. Y si el sonido es su pastor, nada les faltará.
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