Los “table dance” (pronunciado como teibol dans) están actualmente en el filo de la navaja por la iniciativa presentada por el gobernador de Coahuila al Congreso del Estado, que busca prohibir los bailes eróticos hechos sobre mesas o escenarios, buscando nulificar los lugares promotores de la trata de personas, asumiendo que en los teibols se fomenta tal delito. Ignoro si los diputados votarán por su aprobación, que se supone llevará un proceso de aproximadamente dos meses para su discusión, artículo por artículo, si tendrá modificaciones para ser aprobada o de qué manera se instrumentará, pero este tema me hace preguntar por la utilidad o inutilidad social de estos lugares.

Un teibol es un club nocturno en donde se ofrecen “stripteases”, o actos de desnudo gradual, en donde al compás de una música cadenciosa una joven atractiva (o no tanto, pero con el juego de luces todas se ven guapas) sube al escenario vestida y baja desnuda. Esa es la atracción directa, pero no la única. Además, están la venta de bebidas, la compañía femenina que con el costo de una bebida se sienta en las piernas del cliente, a petición de éste, y otros servicios, como los “lap dans”, llamados también privados y los servicios sexuales más directos, eufemísticamente llamados “salas”, en donde puede haber servicios de sexo oral, anal o vaginal, todo dependiendo del establecimiento y de la bailarina. Éste es el repertorio de diversiones ofrecidas al respetable público, que es el equivalente de una visita a una juguetería para adultos, de lo que en sociología se conoce ahora como sexo comercial.

La mayor parte de los consumidores primarios de estos establecimientos son hombres, en un segmento básico de 20 a 40 años, es decir, en la edad en la que las exigencias sexuales son mayores, aunque cada vez es más frecuente la asistencia de mujeres, ya sea con preferencias sexuales lésbicas o chicas con una curiosidad intensa sobre las diferentes modalidades actuales del sexo. Aun cuando no hay estadísticas muy precisas sobre los ingresos brutos que genera esta industria, parece ser una de las que mayores ganancias producen en el país a sus propietarios.

¿Qué buscan las personas que visitan un establecimiento de este tipo? Buscan el ardor de una experiencia que está lejos de su vida diaria, una clase de excitación sexual que no les es posible encontrar, ni en su casa, ni con su pareja común ni en situaciones cotidianas. Es decir, buscan una excitación cercana a la parafilia, esa que es causada por la presencia de impulsos sexuales intensos y recurrentes, frente a fantasías o comportamientos que implican objetos, actividades o situaciones poco habituales.

Estamos hablando de que los asistentes a un teibol desatan dentro de sí mismos placeres voyeristas, producidos por la intensa excitación causada por el acto de mirar a personas desconocidas, las bailarinas exóticas, en el momento de desnudarse ante la concurrencia. Otro de los placeres que se gozan en esos sitios es el frotteurismo, placer causado por el constante roce de la bailarina sobre los genitales del cliente, cuando ofrecen los servicios del privado. Placeres que acompañan a los anteriores son el fetichismo, que se refleja en el vestuario de las mujeres que atienden esos lugares, pues ellas ponen mucha atención en sus sostenes, sus bragas, las medias, los enormes zapatos y las botas. Y las muchachas que atienden disfrutan del exhibicionismo, que consiste en mostrar los genitales a una persona extraña.

Es decir, que la excitación conseguida en estos lugares difícilmente va a poder ser reproducida en casa, por mucho que la empeñosa pareja aprenda las artes mágicas del tubo, del vestuario exótico y de otras artes amatorias, porque faltará la excitación que se produce sólo por una persona desconocida y por el ambiente que simula la posibilidad de dar rienda suelta a todo tipo de impulsos reprimidos.

Debe saber usted que estos lugares se toman a sí mismos muy en serio. Tan es así, que hace tiempo un teibol de Guadalajara consiguió la certificación del ISO (9001-2000), siendo el primero en el mundo en obtener esta calificación. Pero toman más en serio aún las enormes ganancias que les produce la miseria sexual de una gran cantidad de la población que no ha aprendido a disfrutar del erotismo en su vida cotidiana, posiblemente por la enorme cantidad de trabas que les ha impuesto la educación sexual tradicional, que no ha sido evidentemente superada aún.
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