La verdad, dice el aforismo, es la primera víctima de toda guerra. Y en la política, cuando se presentan las campañas negras, además de la verdad, la segunda víctima es la información.
Una campaña negra se basa en el odio. Estas campañas son grandes generadoras de desinformación y su raíz es la interpelación ideológica para hacer pensar a un público determinado que la realidad es diferente a como verdaderamente es. Su fundamento es la construcción de rumores que atentan contra la imagen privada de personajes públicos, fabricando acontecimientos extremos, casi siempre increíbles, que le dicen a la gente lo que nunca esperaría oír o lo que alguna gente está deseando saber, pero que no se atreve ni siquiera a pensar.
Por Internet están llegando a los buzones electrónicos algunos e-mails que dan información alarmista sobre las intenciones del PRI, una vez que vuelva a la Presidencia. Otros que mencionan supuestos hechos sobre la economía o las actitudes de los familiares de los candidatos y unos más que presentan imágenes catastrofistas sobre el futuro, en caso de que algún candidato llegue al poder. Todos empiezan con frases lapidarias que aseguran que son una verdad indiscutible. He aquí un ejemplo: “ESTADÍSTICAS COMPARATIVAS MUY REALES Y CONFIABLES QUE DEBEMOS DE TENER MUY EN CUENTA EN NUESTRA MENTE POR LOS TIEMPOS QUE SE AVECINAN, PARA QUE NO NOS QUIERAN ENGAÑAR CON EL PETATE DE QUE ELLOS SÍ SON LOS QUE SABEN GOBERNAR, ESTE DOCUMENTO HABLA POR SÍ SÓLO. ES UN DEBER PATRIÓTICO LEERLO”. En mayúsculas presenta un cuadro con cifras mal hechas, evidentemente tendenciosas y con pésima información, y remata con el exhorto del patriotismo como valor que se va a dar una vez que se asuma como cierto. Las campañas negras no son para todo el público. Su público diana son los resentidos, los desinformados y los indecisos. Sobre los indecisos tratan de actuar para que tomen una decisión de voto impulsiva y para que, por esta vez, acudan a las urnas movidos más por las emociones que por la razón. No son aceptadas por la gente relativamente bien informada, por los escépticos o por los que han asumido una posición partidaria.
Las campañas negras trabajan con las ideas dogmáticas, las que se tienen que asumir porque convencen con su alto contenido emotivo y que presentan una realidad que no es, pero en la que se quisiera creer. Nadie firma la noticia, porque su contenido es imposible de verificar, es improbable demostrar. Y entre más absurda sea la información dolosa, crece la fe que genera y su credibilidad aumenta.
El problema mayor de la presencia de las campañas negras es que sus mentiras son muy difíciles de desenmascarar, porque los que saben no las toman en serio. Cuando se generan estas falsas noticias, circulan por las calles generando un nuevo interés basado en indiscreciones, imágenes deformadas, declaraciones dolosas y cifras adulteradas. Y con ellas el indeciso se decide. Las campañas negras buscan la desinformación y la manipulación de la opinión pública, porque aquellos que la generan buscan apoderarse de espacios políticos para aumentar la cantidad de votos que no lograron tener con el trabajo en las bases sociales, o bien para desanimar a los que podrían votar por la opción que ha sido criticada y deformada. Con las campañas negras, la primera víctima es la verdad.
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