Gracias a unos buenos amigos, Samuel Rodríguez, Marco Morales y Pepe Erives, pude estar ayudando a muchas personas que lo perdieron todo en la inundación.

Pude sentir su desesperación, sus necesidades, ese clamor de ayuda que retumbaba en todos los rincones de ese ejido, alejado de la civilización.

Gracias a ellos, a mis amigos que me permitieron ayudar, pero gracias a quienes se están levantado después de una tragedia porque aprendí mucho.

Estoy en Escobedo… en la casa de Dora.

Dora tiene cuatro hijos, y el día en que tuvo que salir de su casa en la comunidad Los Rodríguez, salió con todos los chavales a las seis de la mañana.

Les avisaron a las diez de la noche y se fue tempranito.

Ella trabaja como cantinera en la zona de tolerancia, o en lo que de ella queda de Frontera, me lo dice frente a sus hijos sin el menor rubor.

De hecho, en el área en que vive habitan otras cinco amigas que trabajan en lo mismo.

Cada una con tres hijos por lo menos.

Ya no tienen hambre, su problema es más profundo.

El Gobierno del Estado, muchas organizaciones humanitarias se volcaron hacia ellos y les llevaron cobijas, despensas, colchones y muebles.

Pero no van a salir de allí…

Y no me refiero a la zona geográfica, sino al medio.

Entre la prole aprecio a cinco pequeñitas, hermosas con su pelo bien peinadito, limpias.

¿Cuánto van a durar así? “¡Ap úrate a crecer!”, dice Paula, otra de las mujeres, que en son de broma carga a una de las pequeñitas… “Ya necesitamos putas nuevas para que me mantengan”.

Ella lo dirá en broma, pero me late que no hay otro camino. Paco, uno de sus hijos, tiene 16 años y dejó la secundaria, Dora dice que le exigieron pago de cuotas y no tuvo.

El chaval no se nota maleado, sonríe cuando le digo que se meta a la escuela.

Pero en un año o dos, si no sale de ese mundo, andará seguramente con un cuerno en la mano, o quizá sea noticia de un periódico local en una ejecución.

Si no hay un rescate más profundo, si solamente atendemos la emergencia, este pequeño pedacito de Coahuila, que sirvió para dar rating a las televisoras y para que algunos reporteros jugarán a ser Rambo, se va a quedar en el olvido.

Con seres humanos sin posibilidades de acceder a otra vida…

A una diferente manera de ver el futuro, sin ese estigma del vicio bien marcado en el alma desde ahora.

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