Un importante hecho bélico tuvo como escenario el arroyo de Tío Díaz, muy cerca de Gigedo, hoy Villa Unión, el 4 de abril de 1865.

Se le considera importante no tanto por la magnitud de las fuerzas combatientes, sino por la muerte del teniente coronel José Ma. Tabachinski, un enemigo cruel y activo que había llegado al norte con su brigada de casi 300 hombres para combatir la guerrilla republicana.

Tabachinski, de 40 años de edad, de tez blanca, pelo rubio, ojos azules y barba abundante, había entrado a Coahuila por Saltillo, hasta la villa de Nava.
El general Mariano Escobedo le había encargado al coronel Francisco Naranjo la misión de hacerle frente.

Tabachinski pernoctó confiado en su superioridad bélica en Nava el 2 de abril, el día 3 en la noche hubo un intento infructuoso de ataque republicano.
Tabachinski había amenazado con apoderarse de Gigedo y advirtió que sacaría a cabeza de silla al Santo Niño de Peyotes, que allí se venera, de colgar al coronel Naranjo y a la mujer más anciana del pueblo. Muy temprano, el 4 de abril, Tabachinski partió rumbo a Gigedo, Naranjo envió a una patrulla de 60 hombres al mando de Pedro Advíncula Valdés Laurel, mejor conocido como Wincar.

Éste, un notable guerrillero allendense que alcanzó el grado de coronel, desde joven fue un aguerrido y arrojado comanchero, de donde le vino el mote de Wincar, porque los indígenas comanches no podían pronunciar su nombre: Advíncula, al que los norteamericanos le conocían como Winker, quien es considerado un héroe de la guerra de intervención francesa y distinguido por el presidente Juárez por sus hazañas militares.

La patrulla de 60 hombres decidió preparar una emboscada con la audacia que le era peculiar a Wincar, no obstante lo reducido de sus fuerzas, en el arroyo del Tío Juan Díaz, un sitio en donde se junta este lugar con la carretera de Allende a Villa Unión.

Escondieron sus caballos y aguardaron al enemigo pecho a tierra, ocultos entre el abundante zacatón.

Había tiradores muy buenos, como el allendense Espiridión Peña, a quien le apodaban “El Zurdo”, Pedro Paredes y Pedro de la Garza, quienes dispararon a corta distancia haciendo blanco en Tabachinski, éste montaba un caballo alazán y en forma desesperada dio media vuelta y se desvió del grueso de sus hombres, quienes sorprendidos huían en forma desordenada en varias direcciones.

Espiridión Peña, cuya hazaña ha perpetuado la tradición oral que no perdía de vista a Tabachinski, lazó certeramente al rubio tránsfuga, quien se quitó el lazo con su espada, pero al segundo intento ya no lo pudo hacer y cayó de su cabalgadura, malherido y desfalleciente se incorporó del suelo, caminó unos cuantos metros y murió después de que Espiridión Peña le dio tres estocadas con su espada, cortándole un brazo y decapitándolo; Wincar llevó la cabeza hasta Allende en un costal para que la pudiera ver el coronel Naranjo y rendir su parte de novedades. (Mañana la concusión de esta reseña)